EL REINO DE LA LLUVIA
Capítulo cerrado
ACOSTUMBRADOS como estamos a que no dejen títere con cabeza, a que se vapuleen hasta las más altas instituciones del Estado; habituados como nos hallamos a que traten de obtener rendimiento político hasta de los más crueles sucesos y familiarizados como estamos a que cada mañana hagan saltar por los aires las más elementales normas de convivencia, no va a ser fácil recuperar la normalidad. Pero tenemos que ser rígidos y exigirles que así sea. Y que no vuelvan con las zarandajas de nuevas líneas de investigación y de autoría intelectual. Porque, quiéranlo algunos o no, ayer hemos cerrado uno de los capítulos que mayor crispación ha creado en el país y que ha sido motivo permanente de refriegas y algaradas. Con la lectura de la sentencia del horroroso 11-M tienen que acabarse esos espectáculos dantescos que han venido dando unos y otros. Y sería de una irresponsabilidad absoluta volver a recorrer el mismo camino a cuenta de promover una investigación cuando se ha cerrado la única posible, la judicial. Podemos discutir si la sentencia debió de ser la que fue. Podemos preguntarnos por qué se absolvió a Rabei Osman pese a haberse confesado promotor del atentado. Pero finalmente el tribunal nos ha iluminado, zanjando la discusión, sobre todos esos aspectos que fueron cuestionados, hay que decirlo, interesadamente, en los últimos años. Sabemos ya la procedencia de los explosivos utilizados en la masacre, también lo que ocurrió en el piso de Leganés, conocemos el enigma de la mochila de Vallecas y de la Renault Kangou y sabemos también que ni Mikel Antza, ni Iñaki de Rentería tuvieron nada que ver en esta locura. Así que si a sus señorías les parece bien, damos por cerrado este capítulo. Que los asesinos penen sus culpas. Que las víctimas reciban todo el apoyo y el cariño. Y que los muertos por la barbarie dejen de ser motivo de trifulcas.