Autopista del Luna
Qué triste la marcha de los hombres buenos Causan dolor los adioses de los amigos, aunque algunos de esos adioses admitan la suave despedida de hasta luego. Por eso es triste la marcha de Javier García-Prieto, símbolo de la grandeza de la sencillez. Con él se va el mejor elemento del escenario urbano. Del mobiliario de la ciudad, como dicen los cursis. Pocos personajes públicos han sido capaces de llevar a cabo una desmitificación tan feliz y discreta y eficiente de un algo cargo como lo ha hecho Javier García-Prieto. Renunció de forma absoluta y natural a la condición y a los privilegios que supone la torre de marfil de un presidente de la Diputación. Desde esa condición, se paseó por su querido León con el sosiego y la paciencia de un monje medieval, difuminado entre los leoneses en los aledaños del Palacio de Los Guzmanes. Las largas sesiones laborales, los comprometidos plenos políticos, las entrevistas interminables... no mellaron el filo de su delicadeza. La mirada excelsa desde el Palacio sólo era total y completa para Javier García-Prieto con su deambular sereno, diario, interminable. Plazoletas, aceras, rúas y figones recibieron a diario su presencia y su mirada. Supo García-Prieto de forma perspicaz que León no era sólo la ciudad del perímetro urbano de la Legio VII. El variado paisaje de estas tierras leonesas se dio de bruces muchas veces con su afortunada e inesperada presencia: las llanuras de la Tierra de Campos, las cumbres majestuosas de los Picos, el verdor de las tierras del Bierzo o la belleza y agreste condición de los paisajes maragatos... vieron aparecer en los momentos más inesperados la condición de una figura enteca, pero egregia. Por todo ello, el León urbano y el rural sienten su marcha. La nostalgia y la tristeza empapan el paisaje de la ciudad y de los campos de esta tierra que tantas veces él recorrió. Por mucho que lo suyo no sea una marcha definitiva. Y que su adiós no sea más que un hasta luego. Dios lo quiera. A fin de cuentas, eso es lo que quieren los leoneses. José Manuel Varela (León) Los jóvenes y los derechos humanos Quiero agradecer, en primer lugar, a don Ignacio Buqueras por su invitación a participar en el II Congreso Nacional para Racionalizar los Horarios Españoles mediante este testimonio. No me gustaría dejar escapar esta ocasión para dar unas pinceladas y reflexionar sobre lo que yo considero que puede ser necesario abordar acerca de la racionalización de los horarios en España. Realmente, comenzamos a valorar el tiempo cuando empezamos a no tenerlo. De joven, dejamos pasar las horas y los días, sin llegar a preocuparnos de los elementos principales y necesarios para la vida; cuando nos damos cuenta del inmenso valor real del tiempo, vamos comprendiendo que ya nos queda poco. No hay ninguna duda de que el Estado tendría que preocuparse más de proporcionar una mejor calidad de vida a sus ciudadanos, emprendiendo, entre otras medidas, una pedagogía para enseñar a valorar y usar eficientemente el tiempo desde la escuela. Por otro lado, los empresarios tienen una gran responsabilidad con la sociedad; deberían ser conscientes del enorme desgaste social que supone el permitir y alentar, a cada uno de sus trabajadores, a realizar jornadas laborales superiores a las 40 horas semanales. Para evitar esto, sería bueno que el Gobierno tomara plena conciencia y sancionara realmente el incumplimiento del tope de horas semanales. Hoy en día a nuestros jóvenes que están mucho mejor preparados y han heredado una sociedad próspera jamás conocida en España, se les está impidiendo cumplir sus aspiraciones de independencia, de desarrollo personal no condicionado, y de poder formar una familia en condiciones; principalmente, gracias a esos salarios míseros «mileuristas» en relación al coste de la vida, que no les permiten una vivienda digna debido a la especulación inmoral, y a las jornadas laborales de 10 / 12 horas de media que les impide vivir una vida digna. Por eso considero que se tiene que impedir, desde los Gobiernos, todo tipo de explotación y especulación hacia los jóvenes, castigados hoy más que nunca, por esta situación y obligar a pagar sueldos dignos que permitan poder formar una familia si es su deseo, a la vez que tengan cubiertas las necesidades básicas, con jornadas laborales más humanas. Francisco José Alonso Rodríguez (presidente de la Liga Española Pro-Derechos Humanos). Ainhoa Mendizabal (León).