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AHORA SÍ que sí. Ahora sí que empieza en serio, muy en serio, el baile preelectoral que, en realidad, ya se inició el mismísimo 15 de marzo de 2004. Menuda legislatura. El caso es que en la semana que empieza José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy hablarán ante los micrófonos, para públicos masivos, el mismo día, miércoles, y a la misma hora. El presidente del PP será entrevistado en la Televisión oficial, en los desayunos que dirige la periodista Pepa Bueno. Un inicio multitudinario de esta recta final de la campaña preelectoral tras el paréntesis de las vacaciones navideñas. Claro que, pese a la coincidencia temporal, Rajoy y ZP no dirán precisamente lo mismo, aunque en algunos puntos sus mensajes, si se escuchan con calma y con oído independiente, coincidan. Lo interesante es que los observadores podremos apreciar los distintos matices de sus respectivas líneas de campaña. Ya sabemos que ZP insistirá en los logros de su legislatura, aunque ahora las incertidumbres económicas maticen algo el triunfalismo presidencial. Y Rajoy, presumiblemente, va a insistir en que es él quien tiende la mano a los socialistas para llegar a sustanciales acuerdos postelectorales en torno a cuestiones de Estado. Zapatero, pienso, ya no puede dejar volar su falta de autocrítica: le van a preguntar por las cosas no cumplidas en esta legislatura, por los últimos tambaleos de la economía, por ETA. Rajoy no puede permitir que le coloquen junto a los más intransigentes, con los que disfrutan con ese no a todo que en ocasiones ha marcado la trayectoria del PP en estos últimos casi cuatro años. Para mí, estas comparecencias postnavideñas de ambos líderes, los que encarnan el importantísimo duelo al sol del próximo 9 de marzo, significan un anticipo de los decisivos debates electorales ante las cámaras de televisión que Zapatero y Rajoy mantendrán entre febrero y marzo. Dos debates, recuperados para el perfeccionamiento de nuestra democracia, que aún albergan algunas incertidumbres. Por ejemplo, si todos los que lo deseen y puedan hacerlo tendrán la oportunidad de transmitirlos. Se está dando, como se sabe o se intuye, una auténtica batalla subterránea entre algunas televisiones por hacerse con la prebenda del debate: las presiones desde algún medio a los partidos están a la orden del día. Y, por otra parte, las restantes formaciones políticas, comenzando por IU, quieren también su parte en el pastel. En ese sentido, vamos a vivir jornadas de tensas controversias: es mucho lo que, en esta edición, se juega ante las pantallas de las teles y ante las de los ordenadores. Y, claro, todo lo demás: desde quién irá, y dónde, en las listas (sobre todo, la incógnita reside en el PP) hasta los secretos que aún quedan por desvelar en los programas electorales. Cada cosa a su tiempo.

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