AL TRASLUZ
¡Viva nosotros!
ME RESULTA indiferente que el 24 de abril de 1808 hubiera o no levantamiento de los leoneses contra el invasor francés, pues aquel día tenía una cita y no estuve allí; sin embargo, me importa mucho la intención que haya detrás de la efeméride, en caso de haberla. Personalmente, no me molesta un pasado inventado, siempre que no me lo presenten como verdad histórica. A Shakespeare le traía al fresco la cronología de los hechos, con anacronismos escribió obras maestras sobre la condición humana, y su Macbeth inventado tiene hoy más carne y hueso que el reyezuelo que lo inspiró. El culto a lo heroico no se decreta desde los despachos, irrumpe sólo desde el corazón colectivo, todo lo demás es floritura. Rick, el personaje protagonista de Casablanca, no necesita haber existido para ser el patrón de los perdedores. Conmemorar el 24 de abril, sean hazañas ocurridas o soñadas¿ ¿obedece a un anhelo que nos recomía o son malabarismos? Unos afirman que fuimos los primeros en levantarnos contra el invasor, otros que depende lo que entendamos por levantamiento y por ser los primeros. A mí me da que esta celebración de los redaños cazurros resulta un poco agarrada por los pelos del mostacho de Tartarín de Tarascón, aquel embusterillo francés de provincias. Pero no es malo proclamar ¡viva nosotros! Tampoco inventarse un Waterloo local, el gran ego del pequeño Bonaparte podrá perdonarnos desde su exilio. Tolstoy se pregunta en Guerra y paz cómo puede llamarse gran estratega al responsable de la muerte de millones de personas. La Historia es dama trolera y de pasado turbulento. Festejemos nuestro pasado, el histórico y el mágico, y aprendamos sus lecciones. ¡Viva nosotros! ¿Será por festejar?