EL RINCÓN
La historia interminable
AQUÍ PASÓ algo incomprensible, pero fácil de comprender si observamos la conducta de los contemporáneos, sesenta años después. Las denuncias por desapariciones, torturas y exilios forzosos en la Guerra Civil, según el criterio del fiscal de la Audiencia Nacional, no pueden ser consideradas un delito de lesa humanidad, ya que no existía durante la bárbara contienda. Una piadosa forma de alzhéimer nos puede venir bien a todos, pero no deja de ser injusto que unos cayeran por Dios y por España y otros cayeran porque la República no podía sostenerse y unos fuera caballeros mutilados de guerra y otros jodíos cojos, aunque a ambos les faltara una pierna. A unos la derecha y a otros la izquierda. Todas las tierras son fructíferas para sembrar el rencor y la nuestra produce magníficas cosechas. Hicimos bien una cosa muy difícil, la llamada transición, y el intento de rectificarla constituye una gran torpeza. Las resacas son malas, sobre todo cuando se ha bebido sangre. Seguimos «colgados de ayer», que es como denominan a cierto país donde se habla el español, también llamado castellano, el día siguiente de haber ingerido un poquito demasiado alcohol, o sea, el suficiente. Quizá fuera beneficioso que la Santa Madre Iglesia no mostrase favoritismo por alguno de sus hijos, ya que todos somos hijos de Dios, y se dejara de historias, salvo la Historia Sagrada. Ya sabemos como acaba la Historia con mayúscula. El Holocausto, donde los nazis consiguieron asesinar a unos 11 millones de seres humanos, ahora es un cómic. Así acaba la memoria histórica. Y el presidente venezolano Hugo Chávez quiere exhumar a Bolivia, para ver si murió asesinado. También se hizo hace algún tiempo con el cadáver de Napoleón. Creo que se encontraron restos de arsénico en el imperial flequillo.