León

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SI LOS resultados electorales son una radiografía de la sociedad española, los titulares de los periódicos de ayer fueron un psicoanálisis de las líneas editoriales, aunque en algunos casos sería más preciso decir de los egos heridos de sus directores y de sus columnistas. La variedad de interpretaciones es deseable, inventarse la realidad ya es otro asunto. Uno intuye que el lector espera de nosotros que escribamos con planteamientos diferentes al de los partidos, incluso en las afinidades. El titular de primera de este periódico fue con una frase entrecomillada: «Gobernaré para todos». Otros colegas han titulado como si ellos mismos hubieran perdido las elecciones; algunos ni siquiera disimularon su vanidad herida de ideólogos en la sombra. Ni antes de las elecciones estábamos al borde del abismo, ni lo estamos ahora, ni tampoco una victoria del PP habría iniciado el apocalipsis. Los populares no han padecido una derrota humillante, crecen en votos, pero deben aceptar de una vez que Zapatero ganó sus primeras elecciones por sí mismo y no por un atentado, que la mayoría de los españoles no consideraron el intento de diálogo con ETA como un entreguismo, o que la Ley de Memoria Histórica no busca reabrir heridas, por citar tres ejemplos de crispación errónea en sus argumentos. El PP cuenta con un gran respaldo, pero el PSOE tiene aún más, y en eso consiste la democracia. La derecha votó a los populares, pero eso ya se daba por hecho, quizá sus dirigentes deberían preguntarse si aglutinaron todo el voto centrista posible, o si se les escapó hacia otras opciones, y el porqué. Durante cuatro años es al PSOE a quien corresponde desarrollar su programa; es lo justo, como en las anteriores elecciones también lo fue. Y, en lo posible, gobernando para todos.

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