FRONTERIZOS
Otro día
CREADO a iniciativa de la Unesco y convertido en la ONG más importante en el campo de la escena, el Instituto Internacional del Teatro (ITI) cumple ahora sesenta años. En el transcurso de su noveno congreso mundial, celebrado en Viena en 1961 y a propuesta del dramaturgo finlandés Arvi Kivimaa, se aprobó la celebración de un Día Mundial del Teatro, que quedó fijado el 27 de marzo porque en esta fecha de 1962 tuvo lugar la apertura de temporada e inauguración del Teatro de las Naciones de París. Desde entonces y con tal motivo, un personaje del teatro elabora un mensaje que es leído en las salas de todo el mundo. Jean Cocteau fue el primero y a la lista se han ido sumado nombres como Arthur Miller, Laurence Oliver, Jean Louis Barrault, Peter Brook, Edward Albee, Vaclav Havel, Richard Burton o Luchino Visconti. Este año le ha correspondido tal honor al director canadiense Robert Lepage que, en consonancia con la rebuscada complejidad de su lenguaje escénico, defiende en su texto «que la tecnología está en el origen mismo del teatro y que no debiera ser percibida como una amenaza sino como un elemento aglutinador», sosteniendo que «la supervivencia del teatro depende de su capacidad para reinventarse integrando la nuevas herramientas y los nuevos lenguajes». En esa capacidad de reinventarse se encuentra posiblemente el secreto del teatro, siempre al borde del abismo, eternamente vivo en una crisis que lo mantiene atento, obligado a refrescarse en su propio entorno para no morir. Y, como señala Lepage «de tanto jugar con el fuego el hombre corre el riesgo de quemarse, pero también la posibilidad de deslumbrar e iluminar». Una posibilidad para tener en cuenta cuando se acerca, otra vez, el Día Mundial del Teatro, ese juego antiguo que hace florecer el corazón común de todos los hombres.