CRÓNICAS BERCIANAS
El efecto lagartija
CASI TODO el mundo conoce lo que es el efecto mariposa. Una mosca puede cagar sobre un mísero canto rodado en una cantera de Oencia, romper el frágil equilibro de un enorme rachón de pizarra y provocar una riada en el Selmo que termine reventando las presas del Sil y originando al final un tsunami en Varadero. Se acabó. Las que no parecen acabar nunca son las secuelas de otra teoría, la del efecto lagartija. Cazábamos de pequeños cientos de estos saurios entre los muros de los patios que dividían los huertos de las manzanas del barrio de la Estación en Ponferrada. Les amputábamos el rabo y presenciábamos embeselados como el apéndice emprendía un fox-trop delirante mientras su dueña deambulaba desorientada no se sabe si en busca de una puerta de huida, si de su cola-rota. Así se contempla ahora, por ejemplo, a la dirección nacional del PP. Si los resultados hubieran fulminado por completo a Rajoy los populares no andarían tan desnortados, ignorantes sobre si deben seguir al dinosaurio Mariano o a la lagarta Aguirre. Acaso estarían buscando todos una vía de escape intermedia como la que los socialistas, tras el caos provocado por Almunia, hallaron en Zapatero. Es probable que Rajoy vea regenerado su rabo y que llegue vivo a las próximas generales, pero no será con un cuerpo lo suficientemente sano y vigoroso como para ganarlas. El espectáculo no está exento de cierto sadismo. Pero no es sectario. Con ese mismo espíritu, en un ámbito más berciano, contemplan muchos populares los movimientos agónicos del grupo municipal socialista en Ponferrada, ahora hiperestimulados por los últimos fallos judiciales que ponen en cuestión los procesos formales a través de los que se vendieron de un lado los terrenos de La Rosaleda y se retiró de otro la ominosa montaña de carbón. La justicia, como en casos muchos más sangrantes y relevantes, llega tarde. Lo que no acaba de aterrizar nunca, en cambio, es la consciencia de la mayoría de la oposición ponferradina que aún cree -después de los sucesivos varapalos electorales- que con asuntos fundamentalmente como el de la montaña negra pueden mellar al equipo de gobierno del PP y ganarse a la ciudadanía. No entienden que es como si ahora trataran de convencer a los vecinos del entorno de Chernobil de que la demolición y el sellado de la infausta central nuclear se realizó sin cumplir los plazos precisos de publicación y sin la difusión del concurso más allá de San Petesburgo. A estas alturas más les valdría, como al PP a escala nacional, estar buscando una lagartija nueva que esperar a que a la vieja se le regenere la cola. Apechugar. Como el propio alcalde de Ponferrada, que ahora deja caer allá donde puede que estudia retirarle a Saavedra los 48.000 euros que le puso de dedicación exclusiva. Justo ahora que le está dando más caña que nunca a cuenta del reptil tronchado que sigue resultando el urbanismo en la capital berciana. Riesco quedaría muy, pero que muy mal, si le eliminara el sueldo en estos momentos. Aunque hay quien sostiene en el PSOE, que acabe como acabe la historia del grupo municipal, Saavedra no será ya portavoz el próximo San Antón.