Diario de León

TRIBUNA

De Alcalá de Henares a León

Publicado por
CARMEN BUSMAYOR
León

Creado:

Actualizado:

FUE UNA MAÑANA luminosa, prometedora, de las que abren canciones como quilmas de entusiasmo, cuando el bonaerense del barrio de emigrantes Villa Crespo, hijo de judíos ucranianos, poeta, ensayista y periodista, justo tres días después de que la esperanza en Paraguay, tras sesenta y un años del gobierno absolutista del Partido Colorado, se llame Fernando Lugo, el ex obispo que dejó los hábitos en beneficio de la causa política en pro de los desfavorecidos, sí, una mañana luminosa, en todo punto complaciente con el cervantino 23 de abril, cuando este hombre afable, de andar derecho, con ojos abarrotados de sufrimiento y un valle de preguntas, dulcemente sonriente entró con los aires alegres de la tuna seguidos de gran solemnidad en el Paraninfo de la universidad alcalaína para recoger el premio Cervantes. Me refiero a Juan Gelman, ganador en su edición de 2007 y con antelación del Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, así como otros muchos relevantes fuera de España. Allí, en muy noble mesa presidencial, estaban los Reyes, el presidente Zapatero, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, el director general del libro, archivos y bibliotecas, Rogelio Blanco, la presidenta de la comunidad madrileña, Esperanza Aguirre y el rector de dicha universidad. Enfrente mismo de tan larga y autorizada mesa se hallaba Gamoneda, penúltimo Cervantes, seguido por muchos asistentes, entre los que destacaban Joaquín Sabina excepcionalmente encorbatado y trajeado y los escritores Almudena Grandes, García Montero, Benjamín Prado y Martín Caparrós. Allí, atenta, expectante, emocionada la «asamblea» de sus cuatro nietos, procedentes de otros tantos países. A ellos se dirigían, poco menos que al feliz abuelo, las cámaras, de modo especial al rostro sereno, de grandes, oscuros ojos y lacia melena de Macarena, la nieta robada por la dictadura militar argentina tras la tortura y asesinato de sus jovencísimos padres, descubierta y recuperada después de 23 años de dificultosa búsqueda sin tregua por este abuelo con ánimo a prueba de bomba. Y entre autoridades, amigos, familiares y simpatizantes pronunció Gelman, delgado, pálido, elegantemente chaqueado, siempre en tono bajo, grave, cálido, sereno, sin prisa, con su indisimulado acento porteño, el discurso preceptivo en la entrega de tan singularísimo, sabrosísimo Premio, sorprendentemente más breve de lo común, pero en el que estaba todo: la literatura y la propia circunstancia vital imbricadas, además de una profunda llamada de atención sobre otros destacados horrores en el mundo. Pues además de evocar los 30.000 desaparecidos en la dictadura militar de su país, se refirió a los 200.000 aniquilados en Hiroshima, la misma guerra de Irak y el abrumador número de niños menores de cinco años que mueren en el mundo por sencillas dolencias, hambre o penuria, al tiempo que celebró «una España empeñada en el rescate de su memoria histórica», pues «la cobardía del silencio es la verdad de los asesinos» y «las heridas no están cerradas» sino que «laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad». Así habló tan distinguido lector de El Quijote, obra que calificó como «gran novela de amor, del amor imposible». No obstante, además de Miguel de Cervantes, en su alocución estuvieron convocados Mallarmé, Marina Tsvetaeva, Safo, Rilke, Hölderlin, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz..., recalcando que estos dos místicos españoles le sirvieron de soporte en su dura peripecia: «tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina.» Sí, esto afirmó este poeta del otro lado del Atlántico al que ya en su poema «Himno de la victoria (en ciertas circunstancias)» había escrito de forma parecida: «miro mi corazón hinchado de desgracias / tanto lugar como tendría para las bellas aventuras»; este poeta porteño que al igual que la rusa Marina Tsvetaeva, aplastada por el estalinismo, escribe para vivir, poetizando el dolor y contra todo sufrimiento. Luego, como cierre de tan solemne ceremonia, vino el copetín o piscolabis en el luminoso, soleado jardín en honor de este hacedor de senderos mediante «los caballos de la palabra» . Entonces pudimos entrar todos en conversacional camaradería con los Reyes (bueno, no hay que exagerar, con los Reyes un poco menos), el Presidente del Gobierno, Gelman y familia, ministros, ex ministros y demás invitados. Bueno, hasta aquí un poco de lo ocurrido en Alcalá, y enseguida, el 25, lo de Gelman en León, su primer recital después del cervantino Premio. ¡Qué maravilla, dos Cervantes -y uno leonés- en la capital del Bernesga y del Torío, ríos reclamadores de lluvia en abundancia, como el hermoso poema de largo aliento, titulado «Ha de llover», con que esa tarde el poeta de Arden las pérdidas obsequió al autor de los poemas de Sydney West, quien le respondió agradecido con emocionantes versos de su particular cosecha. Que, qué bien sonaban en el salón de actos del Ayuntamiento en Alfonso V, atestado de escritores, poetas y diverso público, entre el que se hallaba la colonia argentina en León, los versos de estos dos excelentes vates entrados en amistad hace un cuarto de siglo. Todo un encuentro de lujo inolvidable. Paseará abril por León, pasearán otros años y difícilmente sucederá un encuentro de este tenor, si no al tiempo. Algo más he de agregar concerniente a este recital de lujo, introducido por la concejala de cultura Evelia Fernández, el cual estuvo antecedido por la presentación del libro coral 30 años, 30 autores, conmemorativo de la 30 edición de la feria del libro leonesa, a cargo de su responsable Etelvina San Miguel y José Antonio Martínez Reñones. Pues no se debe olvidar la intervención del grupo berciano Sirma, su música sefardí, los poemas de Juan Gelman en la dulce voz de María José Cordero, así como el gamonediano dedicado a su nieta Cecilia. ¡Cuánta hermosura! ¡Toda una tarde para el cofre de los recuerdos! Sin embargo no acabó todo aquí. A continuación llegó la cena ofrecida por los libreros en el Conde Luna a Gamoneda y a Gelman junto con los escritores del citado libro 30 años, 30 autores, el cuarteto de cuerda Pallarés y otros invitados. Entonces prosiguieron las hermosuras, las exquisiteces impagables: Pallarés, cuyos componentes son profesores de la Escuela Municipal de Música, tocó como los ángeles un selecto repertorio en el que además de Händel y Beethoven no faltaron «La cumparsita» y «Por una cabeza» en honor del bonaerense, emocionado, ni tampoco el «Cumpleaños feliz» para los libreros. Nada más, salvo esta posdata insistente en la luz: vendrán, querido Gelman, más bellas aventuras en dirección a la justicia y la paz. Un ramo de nomeolvides para ti, tu amor, Mara Lamadrid, la nietada, que no pudo venir a León, y todos tus seres queridos.

tracking