Diario de León
Publicado por
CARLOS CUENYA GONZÁLEZ
León

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QUE 20 AÑOS no es nada... José Eugenio, Tino y Fidel. A lo que puede llegar la fe de tres personas. En el año 1986, con el crimen de Riaño como telón de fondo, Red Eléctrica Española había llegado desde Lada al alto el puerto de Tarna sin encontrar prácticamente oposición por el lado asturiano. Esperaban, por supuesto, encontrarse con lo mismo en el siempre más dócil lado leonés. Faustino Cimadevilla, pedáneo de Lario; Fidel Rodríguez, alcalde de Acebedo; y José Eugenio Cascos, alcalde de Maraña, se negaron en redondo a firmar las actas de ocupación que la empresa les puso sobre la mesa, y demostraron, junto a muchos otros que se unieron después, que la utopía de ayer es la norma de mañana. Hoy, 20 años más tarde, nadie, ni del PP ni del PSOE, quiere la línea en ninguno de los 13 municipios afectados. 25.000 alegaciones la convierten en la obra de ingeniería más contestada de la historia de España. Las afecciones demostradas a la salud humana, y la fealdad aparatosa y siniestra de cualquier línea de alta tensión, provocan el rechazo de la gente allá donde se planteen. Este rechazo se justifica plenamente en las zonas de montaña; que además de estar hartas de que por parte del Estado se les exija continuamente una solidaridad que jamás es recíproca, tienen en la belleza del paisaje y en la salubridad de sus productos dos de sus principales activos. El problema del transporte de energía eléctrica en España empieza a ser muy grave. El mapa de la Península está plagado de conflictos similares al nuestro, y las soluciones se antojan complejas y parciales, pero el sentido común nos dicta al menos cuatro; veamos. En primer lugar se deberían buscar alternativas técnicas al transporte aéreo. Uno es profano en la materia, pero si pasan líneas de alta tensión por debajo de los océanos parece imposible que no se pueda plantear su paso bajo tierra. En segundo lugar alguien tendría que obligar a las eléctricas a rascarse el bolsillo e indemnizar de verdad a las poblaciones afectadas. Difícil tarea con las eléctricas españolas, acostumbradas históricamente a avasallar a la gente con el consentimiento, cuando no la ayuda, del Estado (jamás te olvidamos, Cosculluela). La tercera medida sería acercar los centros de generación a los centros de consumo. Ya que por definición las áreas de gran consumo energético disfrutan casi siempre de economías boyantes y sociedades dinámicas, parece justo que padezcan también los inconvenientes que conlleva la generación y transporte de energía. Según esto, y ahora que se reabre el debate, nucleares sí, gracias, pero a las puertas de Bilbao, Barcelona o Madrid, por favor. En cuarto lugar, en breve tiempo, el principal consumidor de energía en los países desarrollados ya no será la industria (en fuga acelerada hacia los países de Asia y Europa del Este), sino el ocio y todo aquello, publicidad especialmente, ligado al consumo voraz al que nos ha abocado el triunfo mundial de la «anglosphere» (filosofía de lo anglosajón; tener frente a ser) como forma de ver la vida. Promover formas de ocio que no sean devoradoras compulsivas de energía es una obligación de cualquier gobierno sensato. Y en coherencia, quien apueste por grandes centros de ocio debe cargar con los inconvenientes de su abastecimiento. En este sentido, el trazado más justo para la Sama-Velilla, en la actual coyuntura, sería sacar la línea por el valle del Aller a San Isidro, donde podría alimentar la urbanización y centros de ocio que se plantean en el alto del puerto, y a continuación, por Valdeburón, cruzar a Tierra de la Reina y a San Glorio. Porque nadie olvide que el macroproyecto de Tres Provincias, por el que la Junta sigue empecinada en hacer como que apuesta, necesitaría una línea de alta tensión para su funcionamiento. Tras alimentar los 21 remontes y 350 cañones de ese modélico proyecto, la línea bajaría por los Cardaños hacia Velilla y aquí paz y después gloria. De este modo las 5 comarcas perjudicadas por la línea serían las beneficiadas por las estaciones de esquí citadas, con lo que la balanza de la equidad territorial quedaría equilibrada. Para la provincia en su conjunto sería mejor ya que el territorio afectado sería mucho menor. A la Junta no le gustaría, claro; somos la foto verde, vertical y natural de esta comunidad parda, plana y artificial, y no quieren que la foto se estropee. En cuanto al trazado propuesto por la empresa, tendría cierto sentido si en su momento se hubiese potenciado la zona como corredor energético que sirviese para industrializar el valle del Bernesga y el piedemonte Cantábrico desde la Robla hasta Guardo; basándose en el ferrocarril, el eje subcantábrico (hubiese bastado con echar 40 kilómetros más al norte la León-Burgos), el gasoducto, las líneas de alta tensión existentes, y la potenciación de los polígonos industriales cercanos a ese eje. Pero cuando uno piensa en cual ha sido en los últimos 20 años el devenir de las comarcas implicadas, y en la probabilidad de que la energía transportada acabe en el País Vasco, a donde años atrás emigraron nuestros paisanos y nuestro carbón en el mismo tren ahora cerrado; el paso de la línea por el pie de la cordillera ya no es que sea injusto, es que es perverso. Lo único parecido a una solución sería sentarse a negociar «quid pro quo» con el gobierno los 6.000 puestos de trabajo que se van a crear en Asturias. Dándose, además, la deliciosa circunstancia de que el presidente del gobierno sea leonés, parece increíble que la Junta no le lance ese órdago. Pero Asturias negocia su propio futuro y a nosotros nos lo «negocian» desde Valladolid. Y parece que a la Junta, una vez salvado el paso de la línea por la Montaña de Riaño (lo que ellos llaman «Picos» aunque no lo sean), el resto de la Montaña Leonesa le importa un bledo. Sea cual sea el trazado definitivo, si es que al final la línea pasa, para la Montaña de León la historia es la misma de siempre: por enésima vez nos piden que muramos un poco para que otros vivan mejor. ¿Seremos por fin los leoneses capaces de unirnos contra algo que nos perjudica a todos?

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