AL TRASLUZ
Lealtad
GANDALF advertía contra quienes desmontan algo para conocer su funcionamiento y luego no son capaces de volver a encajar las piezas. Algunos en el PP corren el riesgo de quedarse en la mano con las piezas de su intriga. Un partido, como el reloj, antes de mojarlo conviene saber si es sumergible, no vaya a ser que se pare. Un proceso de reflexión interna es deseable, para eso están los congresos, pero hay quienes parecen buscar un harakiri colectivo; salvo el de ellos mismos. La crisis del PP, creo que ya puede ser llamada así sin sensacionalismo, transcurre sobre el gran escenario de la condición humana. Lealtad, traición, mutis, rencor, amistad, intriga, nobleza¿ con tales materiales Shakespeare hubiera podido escribir una de sus obras sobre el poder. «No te conozco, anciano» le reprocha el príncipe Enrique, el día de su coronación como rey, a Falstaff, su querido amigo de anteayer. Lealtad es una de las palabras más hermosas, que no debe ser confundida con servilismo, ni con negar la necesidad de cambios. Se puede ser leal en la discrepancia y en la rivalidad. Como ya hemos argumentado, es legítimo que haya quienes aspiren a sustituir a Rajoy, pero tan respetables deseos pueden llevarse a cabo desde la transparencia o, por el contrario, desde la intriga, cuando no con golpes bajos. Dado que este partido es un pilar fundamental de nuestra democracia, nadie, vote a quien vote, debería creer que el río revuelto traerá ganancia alguna a pescadores. Lealtad, sí, hermosa palabra. ¿Habrá caído en desuso, terminará siendo desterrada del vocabulario político? Y eso que llaman liderazgos ¿son siempre de quita y pon, no crean derechos y deberes en los líderes y en los liderados? Mientras tanto, Eta ríe, desleal a todo y a todos. Rajoy tiene una gran entrevista.