EN POCAS PALABRAS LETRA PEQUEÑA
Italia: xenofobia encubierta Ruptura
LA INMENSA mayoría de los inmigrantes ilegales está formada por personas desesperadas que huyen de sus lugares de origen para escapar de la miseria y del hambre. Pueden, en definitiva, alegar estado de necesidad, que es un eximente en todo el derecho occidental. Por esto es irracional la propuesta del gobierno de Berlusconi de hacer aprobar una ley que penalice la inmigración ilegal y la castigue con penas de prisión. Al halagar de esta forma el instinto xenófobo primario que alienta una parte de la sociedad italiana, está abonando claramente la xenofobia en la sociedad itaiana. El populismo que consiste en dar satisfacción a las más bajas pasiones de las multitudes es sencillamente reprobable, y nadie con sentido de la dignidad personal debería recurrir a estos métodos, ni siquiera para ganar elecciones. Así se lo dijo ayer en Madrid y en lenguaje diplomático el secretario de Estado para la UE, López Garrido, a su colega italiano, Andrea Ronchi. LAS DOS ALMAS del PP han protagonizado su primer divorcio: María San Gil ha anunciado ya su retirada de la presidencia del PP vasco y su abandono del escaño. Alguna voz -Gustavo Arístegui y Regina Otaola- ha calificado ya esta defección como «gran error de Rajoy», pero ha sido manifiesto que, cuestiones sentimentales aparte, San Gil no tenía a su lado ni siquiera la mayoría del PP vasco. Los movimientos de Rajoy indican que el líder conservador está decidido a dar el giro al centro que le permita tener posibilidades de vencer en las próximas elecciones, si gana la guerra y los suyos le permiten presentarse. Y en este viraje, es claro que la beligerancia de San Gil, sus simplificadores conceptos sobre la complejidad de España, su radical enemistad hacia todo el nacionalismo sin distinciones ni matices, no tenía cabida ni mucho menos asiento. Pero hay otras malas noticias: Rato ha roto puentes con Rajoy y Ortega Lara se ha dado de baja del PP. Habrá que seguir observando en todo caso los acontecimientos, muy cambiantes, para comprobar que Rajoy consigue mantener una dirección rectilínea.