Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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NADA MÁS NOBLe que un sueño y así, por conjuro y ganas, nuestro equipo de locos bajitos ha puesto patas arriba España al conquistar la Eurocopa, reeditando un éxito deportivo cuyo único antecedente se remonta a cuarenta años atrás. Las cosas no pintaban bien al principio, con todo el país en pie de guerra solicitando la cabeza de Luis Aragonés clavada en una pica. Pero el fútbol es igual que la vida, importa tanto el talento como la suerte, y ante el pasmo general el juego de la Roja se iluminó para citarse como es debido con la historia. Zapatones, que así se conoce a Luis desde sus tiempos de jugador, supo gestionar con vaselina la liturgia sagrada del vestuario y potenciar al máximo las viejas virtudes de coraje y entrega¿, eso que genéricamente llamamos furia española. De esta forma, a base de un juego de bambalinas que en determinados momentos se asemejaba a una obra de arte en movimiento, nos plantamos en la final ante el panzer alemán, un combinado más bien romo de imaginación pero implacable por solera y tradición. El fútbol es ciencia, es arte, es guerra, es ballet, es teatro, es terror, es alegría¿ Pues todo ello se vivió durante un choque con vocación de convertirse en la más alta ocasión que vieron los siglos desde el triunfo de Lepanto. Porque demostrando un punto de forma excelente y una calidad técnica exquisita, con destellos de los que será el balompié del futuro, el equipo nos sacudió con un fútbol total para llevarse una victoria más que merecida. Después de un estéril ir y venir de años, millones, jugadores y entrenadores, el país enteró vivió una explosión de futbolmanía y legítimo orgullo patrio. El fútbol, dijo cierto entrenador del Liverpool, no es que sea una cuestión de vida o muerte. Es más importante que todo eso.

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