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León

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UN ESTUDIO del Instituto Karolinska de Estocolmo ha descubierto recientemente la coartada perfecta para la infidelidad masculina. Se trata sencillamente de una enfermedad más. Porque los investigadores del centro sueco han encontrado un gen, el alelo 334, que está probado que interactúa sobre una hormona de nombre impronunciable y que empuja a su vez al cerebro del individuo en cuestión a ponerle irremisiblemente los cuernos a su pareja. Pues ojalá los distinguidos epidemiólogos del Karolinska hallaran un hueco en su apretada agenda para tratar de aislar una réplica del alelo que creo yo que puede haberse instalado en la tercera planta del Edificio Minero, en la que se hacinan los mandatarios y el personal del Consejo Comarcal del Bierzo. De lo contrario uno no acaba de explicarse como cada inquilino presidencial que pasa por esa sede acaba impelido frenéticamente a traicionar la confianza de su padrino político. A Jesús Esteban le apuñalaron a lo bruto, en minúscula y en mayúscula, los mismos rectores socialistas que vieron en Ricardo González Saavedra a la persona idónea no sólo para dirigir los destinos de la comarca sino el asalto a la alcaldía de Ponferrada. Y a éste luego, nada más llegar a la presidencia del Consejo, le debió asaltar esa especie de cepa o mutación política del alelo 334 porque acabó declarando promiscuamente su amor a otra rama del partido. Al actual presidente, José Luis Ramón, le avalaron Antonio Canedo y Miguel Martínez. Pero en vísperas del congreso provincial del PSOE, no paran de contar que al alcalde de Cubillos debe habérsele activado el gen en cuestión, porque con Francisco Fernández como catalizador parecería dispuesto a «ponérselos» a Canedo, aunque como ya contáramos en otra crónica precente, éste le propusiera incluso para ocupar la vicesecretaría de la próxima ejecutiva provincial. La hipotética aventurilla de Ramón -yo soy algo escéptico- no parece aún muy clara. Primero porque en el actual grupo municipal ponferradino se le mira con mucho más que con recelo como futuro candidato a la alcaldía. Y más allá, porque Francisco Fernández no habría llegado a alcalde de León si en su afán de rebajar el poder de Canedo hiciera caso de cantos de besugo y menospreciara sus fuerzas. No sólo en el plano interno, sino en cuanto a su capacidad de relación con poderosos entornos de La Moncloa y ahora de Valladolid. El alelo, en cambio, sigue sin manifestarse en el Ejecutivo Herrera respecto al Consejo. Siguen fieles a su ninguneo. Lo corrobora la cita a ciegas para discutir un convenio de colaboración del que el presidente comarcal no conoce ni la primera coma. A quien por cierto a punto de dejar la secretaría socialista todos los citados deben parecerle algo alelados; pero en el sentido menos científico y peyorativo del término, es a Miguel Martínez. ¡Hay que ver como le sienta la presidencia de Paradores. No ya sólo por ese elegante corte de sus trajes de CH. Es que ahora las ojeras parece que se le han rellenado de un milagroso colágeno de satisfacción. O tal vez fuera el aire fresco y sano que baja desde Piedrafita a calentarse a Villafranca, en cuyo parador invertirá 8 millones. Que no le entre el alelo.

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