EN BLANCO
Puro vicio
EN LA vida nadie tiene derecho a ser tonto, eso dicen, pero lo que voy a contarles está basado en hechos reales. Hemos dejado atrás el verano, ese tiempo en que el pueblo se pone en mangas de camisa para solazarse con los mil y un festejos que jalonan la geografía hispana. La localidad asturiana de Villaviciosa, sin ir más lejos, ha vivido un cacao de consideración a cuenta de las celebraciones denominadas del Portal. Ajeno a que intentar algo, como aseguran los Simpson, es el primer paso hacia el fracaso, el joven Noé Tuero bosquejó un cartel anunciador que está en alguna parte del trayecto entre diseño y arte, inspirado en las trazas románicas que destacan en los edificios religiosos del lugar. Así que, sumido en un rapto de clarividencia e inspiración, reprodujo algunas de las imágenes piadosas en actitudes provocativas y posturas más que sospechosas. De inmediato, las buenas gentes amantes del ornato y el decoro público sacaron los espolones para clamar a voz en grito por semejante desfachatez, según su versión una injuria anticlerical y pornográfica. Como no podía ser menos, la vieja sobriedad española ganó y el cartel fue retirado al almacén donde se guardan las cosas destinadas a hacer puñetas. Me parece bien que se censure a tipos como el tal Noe, un personaje capaz de escupir en el agua bendita. Así lo recomienda ese excelso Manual de Ética cuyos sanos principios ideológicos se inculcan a miles de escolares de secundaria que acuden a los colegios católicos privados. En la obra se proclaman verdades tan evidentes como que el pútrido laicismo ha sentado a Dios en el banquillo de los acusados. O que el aborto es un crimen de idéntico calibre al Holocausto perpetrado por los marrulleros nazis. Puro y siniestro vicio.