Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La Junta dice no

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VICTORIANO CRÉMER
León

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TAJANTE, drástico, definitivo. La Junta de Castilla y León, que como todos sabemos tiene su capitalidad y su trono en Valladolid, ha decidido responder a la solicitud de los leoneses de no conceder el permiso necesario a la Capital del Viejo Reino para que en ella se establezca al fin la Facultad de Medicina. No hubo duda, ni discusión, ni siquiera plática de oficio. La Junta de Valladolid, tiene facultad y autoridad suficiente para establecer las líneas oficiales de actuación, de actividad y de imposición de derechos y cruces. Y cuando la dicha Junta dice que no, es que no y esta decisión no la corrige ni la Real Academia de Medicina. León, que es la porción más extensa y más necesitada de asistencia médica, ha extendido su veredicto y a los enfermos de León no les queda sino encomendar su alma a Dios y pedirle mercades. Los enfermitos de la Legio Séptima Gémina que acudan con sus dolencias a Salamanca, a Burgos o a Valladolid. Y, si se tratara de algún poderoso de la tierra, aún cabe que acudan con sus males a Madrid, donde al fin y a la postre están o deben estar los remedios para todos los males de la patria, incluyendo, claro es, los males económicos que se encomiendan al señor Ministro de los dineros, el cual se ha decidido a declarar que estamos pasando por una gripe de muy singulares características para la cual no caben remedios tradicionales, sino medidas drásticas, de las que se aconsejan cuando los cocineros no conocen cuál es el producto que conviene para conseguir el guiso favorable. En tiempos de verdadero quebranto, con trampas hasta en la oración de la mañana y con una dotación de cocina incapaz de hacer unas sopas como las de la abuela, así que se anunciaba un catarro se ponían en marcha todos los galenos de la Casa de Socorro y se acababa con el mal en menos de dos visitas. Ahora y en esta hora nuestra de viajes y congresos para nada, una gripe, monda y lironda, puede durar en el cuerpo de un enfermo hasta la consumación de una legislatura y cabe temer que dada la inutilidad de los sistemas en marcha, los enfermos terminen muriendo como los profesionales del camión, con el volante entre las manos. Las sinrazones por las cuales la Junta de Castilla y León ha decidido negar a León y a sus enfermos el consuelo de la Medicina a través de una Facultad nos son tan ignoradas como el mecanismo que pudiera servirnos para curarnos del espanto económico que estamos padeciendo y en vista de que ni la Junta va a ceder ni los enfermos leoneses lograrán curarse encomendándose a la Virgen del Camino, dejados tanto de la mano de Dios como del favor de la Junta hemos acordado en reunión del Pleno del pueblo leonés, dejarnos morir sin Facultad de Medicina, pues que tal es el dictamen del mando supremo de Valladolid pero eso sí, acordándonos de las inocentes madres y padres de aquellos inservibles autonómicos a los que guarde Don Suero de Quiñones de caer en manos de un enfermo de la Sobarriba. He dicho.

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