Un redoble de lucidez
NO TODO van a ser comercios abarrotados, luces y bolas de Navidad, camellos, pastores , nieve de pega y nacimientos de oropel. La casualidad nos trae desde hoy una exposición (Caja España, edificio de Botines) que es como un osado contrapunto que invita a reflexionar sobre nuestras inconsecuencias. Entre villancicos, y coincidiendo con los 25 años de la muerte de Luis Buñuel (México, 1983), se expone el álbum fotográfico de la familia del cineasta aragonés.
Buñuel es uno de esos personajes difícilmente clasificables para quienes el surrealismo fue el vehículo, el bisturí, la dinamita, para luchar contra una sociedad que detestaban. A Buñuel, así lo aseguró en su libro
, le gustaba «el norte, el frío y la lluvia». Quizá se hubiera sentido a gusto hoy en León, norte, frío, lluvia, pero cabe pensar que sólo por unas horas porque también reconoció ser alérgico a las multitudes... Y es que, pese a todo, no hay crisis que valga, es tiempo de multitudes y de contradicciones. Ordoño es un cine de arte y ensayo donde se proyecta en sesión continua
Hay una cena opípara, con amables y elegantes invitados, y a su término, sin que nadie entienda nada, los invitados se sienten incapaces de abandonar el salón... la calle. Y esa prolongada angustia de lo incomprensible hace que los invitados comiencen a comportarse, primero como maleducados, y enseguida como auténticos salvajes. Pasan los días sin que nadie haya logrado salir de aquel lugar, la basura se va acumulando, y los alimentos escasean a la misma velocidad con la que crecen la maldad, el egoísmo y la hipocresía de los invitados. El film, uno de los más celebrados del director de Calanda, es una metáfora sobre la descomposición de la sociedad; un aldabonazo lleno de lucidez que tiene vigencia absoluta en estos tiempos de supuesta crisis.
Nadie diría, a la vista de la profusión de paquetes y prisas atropelladas, que la crisis ha invadido el corazón de los consumidor
es, ni que esas luces de alarma han servido para repensar un poco sobre el camino absurdo que hemos emprendido y del que no sabemos, ni probablemente queremos, salir. Así no hay quien refunde nada y menos el capitalismo que nos rige como la auténtica estrella de Belén; un capitalismo que ha abierto en los últimos meses sus entrañas y ha puesto a la vista de todos sus terribles mentiras y carencias y su fatal incapacidad para encontrar vías de mayor racionalidad que conduzcan a algo que pueda llamarse justicia distributiva. Los galopantes datos del desempleo, las legiones de jóvenes desilusionados y desnortados porque no ven salidas claras a sus vidas, la desazón y la marginación crecientes de tantas personas que llegaron a nuestro país en busca de la tierra prometida y ahora están mano sobre mano, las filas en los comedores sociales que recuerdan tiempos que parecía imposible que regresaran... ¿No es todo esto una bomba de relojería? Quizá una exageración, ojalá una exageración.
Ande, ande, cantemos pues villancicos en la calle sin salida, esperando la visita del ángel exterminador, hasta que todo estalle.
Gracias Luis por este redoble de lucidez. Aunque nadie lo escuche.