Raposos excitados
CAEN unas pelonas tremendas en el campo escarchado y aterido y, en cuanto oscurece, se oyen sonidos de jarana zorruna: ladridos, chillidos, gruñidos y aullidos, señal de que los raposos están más calientes que los camioneros que se detienen en el Huracán de Benavente, club de alterne de notables tremebundas. En pleno invierno, se desarrolla el celo vulpino, aunque este año, sin abundancia de topillos ni ratones, las poblaciones de zorros son muy escasas. En esta temporada, se dedican a las basuras y a los escaramujos, los frutos rojos del rosal silvestre. En zona conejil, por las cárcavas de las bodegas y los encinares de La Bañeza, algún gazapo capturan.
Lo habitual en la especie es la poligamia, tanto por parte del macho como de la hembra. Desconozco las razones para apodar zorra a la mujer promiscua, pero no zorro al tío follador. Misterios de la semántica. Como la madurez sexual la adquieren al año de vida, ahora todos los ejemplares se dedican al cortejo y la cópula. Sin más inconveniente que el período corto de receptividad femenina, de tres días a algo más de la semana, la noche es de lujuria y desenfreno para nuestros zorros.
Los zorros de España constituyen una raza especial, la subespecie silacea, tras estudio hecho en 1907 por Millar con animales procedentes de Silos (Burgos). En vez del color rojo fuerte y casi uniforme de los otros zorros de Europa, los españoles exhiben un bonito pelaje de matices amarillentos, rojizos y grisáceos, y son de menor talla y peso que sus congéneres continentales.
Por cierto, empezamos a tener ya zorros urbanos, como en Londres, Berlín o París, adaptados a la vida ciudadana. En los campos de deporte de Puente Castro, en el parque del Bernesga y en el aparcamiento de Carrefour, los raposos se pasean como Pedro por su casa. Tras una gestación de 51 a 53 días, las zorreras se animarán con el nacimiento de cuatro a seis zorrinos, bolitas de pelo oscuro, ciegas, de menos de 100 gramos de peso.