FRONTERIZOS | MIGUEL Á. VARELA
El poder de la música
DESPUÉS de que, con más paciencia que resultados, mi amigo Quito intentara desvelarme los rudimentos de la guitarra, he dejado la música para alguna de las próximas vidas, conformándome en ésta con disfrutar de ese maravilloso ruido soportable. Y en la Ciudad del Puente no todo son nebulosas especulaciones políticas, no todo chascarrillos del uso privado de cintura para abajo, no todo la pobretona mezquindad de lo cotidiano: la música está aportando una nueva banda sonora que nos hace un poco más felices. Tras las sorpresas del ciclo Corteza de Encina, en diciembre se estrenó Liturgia del verso y la palabra , una hermosa pieza de María José Cordero cargada de espiritualidad, al mismo tiempo que se presentaba en público una nueva formación, la Casual Big Band, energética y prometedora. Y estos días, la Banda de Música Ciudad de Ponferrada cerró con retraso un año glorioso con un concierto memorable: La Banda Eléctrica , un experimento fructífero en el que compartió escenario con el quinteto Tarfalla (una curiosa formación que reúne a jóvenes instrumentistas como Farah García y Ángel Seco con extraordinarios y veteranos músicos como Luis Masdeu, Toni Lozano) y varios vocalistas invitados, interpretando temas clásicos de Sinatra, Duke Ellington, The Beatles o Tom Jones. Y el calor de la música brilló en todo su esplendor como sólo ocurre cuando el que interpreta disfruta tanto que transmite esa energía al auditorio. Las voces de Ana Espada, Cristina Falagán, Luis Ángel Prada o Roberto Lana estuvieron arropadas por ese milagro laico en que se está convirtiendo la Banda de Música de la mano de Salvador Ferrer, un joven artista mediterráneo que Ponferrada no puede permitirse el lujo de perder porque tiene en sus manos el enorme poder de la música.