Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Los jueces

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VICTORIANO CRÉMER
León

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A LO PEOR es que estoy equivocado y confundido el alguacil alguacilado con los hombres de la Ley, pero estoy obligado a referirme a los jueces que trabajan, sufren y se declaran en huelga de nuestro territorio, que no tenemos por qué calificarlo ni entenderlo como Reino Antiguo y auténticamente histórico. Y la verdad, lo cierto y lo obligado es que debo confesar y confieso mi respeto, mi admiración y mi solidaridad, no ya con la persona del juez sino, como es natural, con su misión.

El juez, la magistratura es en esencia, el defensor del Derecho, de la Ley y de la estructura del Estado. Y cuesta mucho trabajo desprenderse de la obligación que debemos a estos altísimos profesionales, incluso cuando les consideramos afiliados a muy distintas reglas de conducta... Por ejemplo, la Huelga, que si bien es instrumento legal mediante cuyo uso y aplicación debida se mantiene en equilibrio social y político del país, no deja de ser un mecanismo delicado por sus complejidades sociales y por las múltiples derivaciones a que dan lugar.

La huelga, parecía constituir un mecanismo de lucha entre el proletariado y la patronal, pero precisamente los jueces en huelga nos ilustran sobre un fundamento general.

La sociedad moderna, no sería lo que debe ser y posiblemente no sea, sin el instrumento de entendimiento que es la Huelga.

Los jueces son, sin réplica posible, sus sacerdotes sumos. La ley está en sus manos y a su discernimiento se debe la identificación del ciudadano normal como parte insustituible para la conformación de una sociedad estructurada y bien entendida.

Pensamos, pienso yo, que el movimiento que ha movido esta huelga, en plena crisis económico-sociales es el salvaguardar los derechos del ciudadano ante los bandazos que la circunstancia orteguiana aplica a la realidad.

Y para que esta misión sea debidamente cumplida es obligado que al trabajo que a los jueces se encomienda ofrezca las máximas garantías de fidelidad y de respeto a la ley constitucional que nos ampara.

Y cuando esta circunstancia, además de no cumplirse debidamente se ve entorpecida por la incuria, el desánimo, el despego de aquellos que están obligados a su protección, entonces, en buena ley, no cabe sino exigir que los textos legales sean aplicados como corresponde para su más cabal entendimiento y aplicación.

Y esto es lo que han intentado los jueces, y digo yo, y lo que ni los unos ni los otros han entendido.

El juez no es entidad sagrada, sino un hombre que conoce y sufre las consecuencias de un sistema legal mal ampliado o soportado con negligencia. La prueba de fuego que es la huelga no ha sido ni aplicada ni respetada y porque precisamente por su condición humana cabe aplicar la excusa en algunos actos del Gran Juzgador, conviene amparar, respetar y admirar a estos servidores excepcionales de la Verdad y de la Justicia, sin aceptar a la ligera el juicio que pueda merecernos tal o cual profesional en papel cuché que nos desorienta.

Para estos deben ser estos versos: De guerra en guerra voy / de muerte en muerte, / el sol a las espaldas / la luna enfrente... 1396927554

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