Diario de León

CRÓNICA SEMANAL | MANUEL CAMPO VIDAL

Los obipos acuden en auxilio de Zapatero

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MANUEL CAMPO VIDAL
León

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TODO APUNTA a un cambio de tendencia y al declive del PSOE, aunque «en tres meses en política todo puede dar la vuelta», como sostiene Maria Dolores de Cospedal con una prudencia digna de Pep Guardiola.

Los conflictos se le acumulan a Zapatero, los que ya conocemos y los latentes. Crisis económica seria, financiación autonómica casi imposible, gobierno débil, falta de apoyo parlamentario con el PNV echado al monte-¦ Todo eso ya se sabe y no es poco. Pero hay que añadir el desgaste socialista de treinta años de gobierno en Andalucía con Chaves en retirada y sin heredero visible. Y la presunta debilidad del castellano-manchego Barreda frente a la señora Cospedal con imagen nacional y serias posibilidades de gobernar en Toledo.

Pero hay más: en privado algunos socialistas hacen una lista de grandes ciudades en peligro en las municipales del 2011: Barcelona, Sevilla, Vigo, A Coruña, «donde Paco Vázquez juega a la contra con tal de echar a su sucesor», etcétera. Súmenle que Marcelino Iglesias, el único presidente aragonés que ha repetido en el cargo, se retira por voluntad propia. «Cuidado porque Felipe también dijo que se marchaba. Tenía preparado el relevo con Javier Solana y después con Narcis Serra y el PSOE le forzó a quedarse», recuerda con acierto Pepe Quilez, director de Aragón Televisión.

Y más frentes, porque antes de mayo de 2011 con municipales y autonómicas llegan las catalanas y ahí las quinielas son dispares. «Lo malo de Montilla -”señalan algunos socialistas en Barcelona-” es que no convencerá a los nacionalistas por más que se enfrente a Madrid y, además, eso no gusta a sus votantes». De momento Montilla ha dicho que agotará la legislatura avisando a Esquerra Republicana que si se quiere marchar que se vaya. ESquerra entonces necesitaría una moción de censura para hacer a Artur Mas presidente, que es como encumbrar al competidor

Es decir: el problema de los socialistas no está en las europeas del 7 de junio. Tratarán de evitar la derrota o de amortiguarla pero por dos o tres eurodiputados de más o de menos el mapa político cambia poco. Lo decisivo viene después: Cataluña, ayuntamientos, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias y la traca final con Andalucía y las generales, donde Zapatero se medirá con Mariano Rajoy. Los críticos de Rajoy lo tienen mal porque no se vislumbra ningún puerto de montaña infranqueable en la carrera del Poulidor gallego, ya saben, aquel ciclista francés de Limoges que siempre quedaba segundo después de Anquetil, Merckx o Gimondi. Lo mismo le pasaba a Mitterrand detrás de De Gaulle, Pompidou y Giscard, pero acabó siendo presidente de la República.

El PP anda apagando incendios de comisionistas, espías y asuntos raros recusando a quien puede -”al juez Garzón, que pone de su parte para que lo desacrediten y al sastre de Camps-”, dando por buena la opereta de la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid y con la ayuda de escándalos ajenos como la alcaldesa aragonesa de La Muela detenida con media familia y funcionarios municipales.

Pero la dirección del PP sabe, y admite en privado, que lo de los espías entre facciones del gobierno de Esperanza Aguirre no es un invento; que los trajes regalados a Francisco Camps es tan cierto como se cuenta y, sobre todo, que hay más en las andanzas del presunto corrupto Correa. «Lo que tenga que salir que salga cuanto antes» se suplica en la cúpula popular». Aun así, el Partido Popular que, por cierto, ha tenido un comportamiento impecable en el País Vasco, avanza y sólo puede temer a los suyos y a los que quieran ayudarle. Y ahí están los obispos otra vez.

En el sermón de la fallas valencianas ya empezó el asunto del aborto y ahora lo llevan a las hermandades andaluzas de la Semana Santa. Y aún falta que hable Rouco Varela. En Génova tiemblan. En la campaña del 2008, cuando los obispos se echaron a la calle, los socialistas lo celebraron. Todo el mundo conoce a alguien desencantado que no iba a votar a Zapatero y al final, la ofensiva desmesurada de los obispos le hizo creer que volvíamos al integrismo religioso de los años cuarenta. Recuerden el slogan socialista del 2008. «Motivos para creer». Los obispos al rescate.

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