NUBES Y CLAROS | MARÍA J. MUÑIZ
Un tipo popular
MIGUEL ÁNGEL Fernández Ordóñez es ya tan institución en nuestro panorama económico que tiene el mérito de que se le conozca como a las grandes organizaciones, por sus siglas. Eso sí, últimamente cada vez que MAFO abre la boca tiembla hasta el Misterio. Las cosas como son, nadie pone en duda ni su valía ni su criterio; pero aplicar ambas en los tiempos que corren le lleva a cualquier cosa menos a ser un tipo popular.
Ya metido en la harina del debate político y económico en los últimos meses, el gobernador del Banco de España ha metido el dedo en la llaga de los puntos débiles de la economía y, de paso, en algunos de los logros de este estado del bienestar en el que ahora pocos cogen postura.
A grandes males, grandes remedios, debió pensar MAFO. Y se lanzó: el saco de la Seguridad Social, que se había llenado confortablemente en los últimos años, sufre diarrea incontenible. Y quita y no pon, se acaba el montón. Hasta ahí lógica económica aplastante. Ahora, ¿cómo mantener el sistema público de pensiones?
Fácil, debió pensar el gobernador. Y dio tres recetas que sumarán fondos en la misma medida que disgustos entre trabajadores y pensionistas. A saber: retrasar la edad de jubilación y liquidar en lo posible las prejubilaciones; aumentar los años de trabajo cotizados para calcular la pensión; y calcular las pensiones en función de la inflación: que sube, se incrementan contenidamente; que baja, se recalculan.
Hacen falta medidas duras para una dura situación, pero vapulear los logros sociales a las primeras de cambio no es solución. Me cuesta creer que cuestionar las mejoras alcanzadas sea caminar hacia delante. Y recurrir a lo obvio y fácil no es propio de tan sesudos economistas.