EN BLANCO | JAVIER TOMÉ
¡Ay, Corín!
ES QUE SE ME abren las carnes de puro dolor. Corín Tellado, la escritora en lengua castellana más leída tras el mindundi de Cervantes, se nos ha ido a los cielos de lo sentimental y romanticón. Los pertinentes obituarios al uso nos recuerdan que vendió algo así como 400 millones de ejemplares de sus urdimbres de ficción, muchas de ellas concebidas en el piso que preside el luminoso puerto de Gijón. Maestros de la pluma como Mario Vargas Llosa o Boris Izaguirre, otro que tal baila, han puesto un digno broche de oro a la vida de esta especialista en el sedoso cuerpo a cuerpo entre hombre y mujer, loando como es debido los enormes logros de una mujer que así, a su peculiar modo y manera, hizo soñar con un futuro mejor a generaciones de españolitas -”y españolitos-” de a pie.
Ahora toca rendirle homenaje, rememorando uno de sus títulos más aclamados: «Desblusada y casada». Elvirita es una muchacha de apariencia inocente que, curiosamente, se transforma durante las noches en una vampiresa que hace de su dormitorio un lugar de puertas -”y hasta de piernas-” abiertas para los gañanes del barrio. Fingiéndose modosita, se coloca como taquimeca en una fábrica de ballenas para corsés que es propiedad de don Facundo, un vejete rijoso que pone la vista en tan tierna palomita. El acosador tiene un hijo, de nombre Luis Lucrecio, que también sorbe los vientos por Elvirita. El drama se desarrolla cuando don Facundo se abalanza sobre la criatura con la intención de satisfacer sus puercos instintos. En esto llega Luis Lucrecio y se traba en batalla campal con su progenitor, logrando finalmente salvar a la chica de sus sueños. La cosa termina en boda y-¦ Perdonen que les deje, pero es que se me saltan las lágrimas.