CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
No mandé a mis naves a luchar contra los elementos...
QUIZÁ se haga necesario en primer lugar explicar, esclarecer, analizar lo que, en las circunstancias en las que hemos de vivir y estamos viviendo, nos deben servir de norma de conducta. Por «circunstancias» debemos entender, no solamente, los malos vientos, las nevadas, los hielos y las nieblas. Todo este repertorio de desdichas se caracterizan por su normalidad dentro de la programación natural de los fenómenos que corresponden a cada época. Y no esperemos que en el mes de Enero, sea este enero del año que fuera, además de Rebajas se nos vayan a dar explosiones solares. Lo natural es que en Enero haga frío o nieve o se produzcan nieblas. Y sea en el verano, propiamente dicho, cuando se ofrece la tentación de echarse a nadar en el Cantábrico. Esto no es un estado elemental que nos obligue a establecer medios adecuados de defensa, aparte, claro es, los modos de abrigo que en cada país y en cada estación climatológica sean de obligado uso.
Los elementos que nos amenazan de continuo desde mucho antes de que las nevadas nos obligaran a ponernos guantes forman parte de la comunidad, en forma de seres humanos, más o menos inscritos en la nómina oficial, o que por su méritos propios o por la habilidad con que han sabido manejarse en un mundo de trapacerías hasta situarse en el puesto, cargo o negocio con el que soñaban en sus momentos de delirio.
Como, por ejemplo, el muchacho listo que desde su más tierna infancia soñó con ser personaje principal del censo de su pueblo y que para ello intuye que debe poner en marcha todas las malicias que ha venido acumulando a lo largo, a lo ancho y a lo alto de una pesadilla que no le permitía dormir. Y que para ello, no se priva de poner en marcha los Elementos.
Que no son ni la lluvia, ni el viento, ni la nieve, sino todos aquellos medios o trabajos o manipulaciones difícilmente ejemplares y difícilmente honradas para conseguir el cargo, los dineros o las dignidades en las que soñaba.
Si para alcanzar tan altos niveles observa que es necesario al menos parecer honrado, pues se pone el gorro de rufián y se hace menester para alcanzar el bollo preñao meter la mano en el cajón del pan, pues lo hace, concendiendo al artificio la titulación de personajillo hábil y bien.
Una vez que esta proclamación se produce, puede el elemento triunfador hacer de las suyas que suelen ser los de los demás convirtiendo la trampa en un mérito...
De esta manera en España se han propuesto y compuesto muchos, demasiados; unos, como ese señor o lo que sea de una sociedad de football , precisamente la del Real Madrid y sus glorias, a la cual se le ha descubierto una manada de asociados de pega pero que ha servido para que alguien triunfe y derroche, mientras el común de sus asociados jura fidelidad a la empresa, paga y calla. Exactamente este juego practicado por tantísimos listos de la parroquia es el que la que se produce en las aguas traidoras de una política hecha a mano. Y estos colaboradores fidelísimos en el procedimiento son los elementos, de los cuales debemos librarnos. Así sea.