Diario de León

AL TRASLUZ | EDUARDO AGUIRRE

Los penúltimos

Eduardo Aguirre
León

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VISTO lo visto, hubiera sido preferible quedar los últimos y con cero points. El penúltimo puesto obtenido por Soraya en Eurovisión nos impide agarrarnos a la épica de la catástrofe total, que es la única que pasa a la Historia, junto a los vencedores. Obtuvimos mejor puntuación con Chikilicuatre, cuya gracia consistía en caer bien cantando deliberadamente mal, pues este festival permite esas paradojas.

Cuando en los hogares aún se vivía este concurso con orgullo patrio, tal resultado le hubiese costado el cese al ministro del ramo; pero antes, el Real Madrid ganaba siempre, y así quedaba compensado todo lo demás, o casi. Soraya es una zagalilla pizpireta y con buena voz, pero la canción se la había compuesto el enemigo, algo bastante frecuente y que, también por paradojas del evento, hasta nos ha hecho ganar en otras ocasiones. Componer una buena canción es más difícil de lo que parece. Y las malas tampoco están al alcance de cualquiera. Georgie Dann en lo horroroso no tiene rival. Con él, habríamos fracasado en apoteósico. Lástima que sea francés, porque no todo el mundo puede componer y cantar «Mami, qué será lo que tiene el negro» sin ser fulminado por un rayo justiciero de Elvis. En música, lo pésimo también exige cualidades; o mejor, una carencia absoluta de ellas, algo que lleva trabajo y tiempo. Ese penúltimo puesto ha sido un quiero y no puedo del desastre total.

El Titanic se hundió a lo grande, no sólo la popa. Troya ardió entera en llamas, no únicamente su zona residencial. De perder, que sea a lo Trafalgar. Sí, componer una buena canción es muy difícil; casi tanto como una malísima. Cuando los Beatles quisieron ser malos fueron los peores, ahí está su «Yelow submarine». Vae Victis. Ay de los vencidos, Sobre todo, de los penúltimos.

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