Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

Creado:

Actualizado:

YA HE CONTADO alguna vez la fascinación que me produce el lenguaje de la ciencia económica, tan capaz de explicar con erudición lo que ocurrió ayer, tan impotentes para explorar lo que pasará mañana que no tiene más remedio que recurrir a la poesía, como hizo Marx cuando fue joven y, seguramente, durante toda su vida. Y ahora andan buscando brotes verdes en las estadísticas, indicios de hierba fresca en los gráficos con picos que se pierden en las profundidades del infierno financiero, una brizna de esperanza en el pesimismo universal en el que se ha instalado el dinero. Y para complicar la búsqueda de ese Grial de esperanza, coincide la cosa con una nueva cita electoral para enviar a Bruselas de vacaciones a un puñado de elegidos, carne de cañón con cuello blanco en la ciudad de los burócratas mejor pagados del mundo, ejército de un poderoso estado federal tibio y tambaleante que, ante las señales del cataclismo, se disuelve en el proteccionismo decimonónico, en la falsa identidad de las demagogias territoriales, en la desfachatez de los más patéticos líderes de la historia. Los economistas buscan brotes verdes y los ciudadanos hacen logaritmos con el GPS en la mano para saber cuánto le cuesta el coche nuevo en función de su posición en el mapa. El gobierno especula con la forma de las curvas macroeconómicas pero el personal celebra las victorias de los gladiadores pitando en el circo el himno del centralismo opresor ante cuyo monarca sin embargo se inclinan para recoger la corona de laurel. Más cerca, los comerciantes de Valdeorras buscan su parte del brote verde poniéndole puertas a un campo ya demasiado parcelado. Yo el viernes encontré mi propio brote verde: «Hay que cortar por lo sano», dice un personaje del último montaje de La Zaranda . «Pues entonces poco habrá que cortar», le contesta otro.

Cargando contenidos...