CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Obama y yo...
CONFIESO que no he tenido el honor de ser presentado a don Barack Obama, Señor Dios de los Ejércitos en donde están los hombres y la tierra esperando el maná.
Por lo tanto no estoy en condiciones de establecer ni normas ni leyes para mantener una relación, un debate y menos un trato.
Pero si tal como se está propagando el señor Jefe del Gobierno de España y miembro de la tribu selecta de los G-20 dice que ahora sí que podemos estar seguros de que no tardando comenzaremos a tocar fondo, estamos obligados a creer.
No por un ataque de credulidad, sino porque lo necesitamos. Y nos llegaría al alma si al cabo de tiempo y tiempo, los hechos nos convencieran de que todo no es sino fabulación, y que todavía la cosecha no está para celebrar fiestas. Cuando se anunció la venida a la España desacelerada del señor Barack, la mayor parte de la grey adoctrinada aceptó los términos del encuentro y se unió a la comparsa de los que creían en los Reyes Magos...
Y a fe que los gestos que se prodigaban no eran para menos, pese a las manifestaciones de los anti-casi todo, pero no se avenían a servir a señores que en gusanos se convierten.
Pero eliminaron de su catecismo particular cualquier señal de desconfianza y se entregaron -también el que suscribe, porque un tonto hace ciento, si le dan lugar y tiempo- y no diré que me postrara a los pies del señor Obama, pero acepto en declarar que no tuve demasiado inconveniente en aceptar que estábamos en el buen camino, que hacia la tierra bendita nos había de conducir. Y seguimos los discursos de los protagonistas de la ceremonia, como si de verdad esta ocasión fuera la más propicia de que podíamos disponer.
El encuentro de los superpolíticos del G-20 habían sido convincentes y para la próxima reunión se reservaban las declaraciones decisivas. Hasta entonces, se nos subrayaba el éxito de la unidad y de la prudencia como victorias históricas y se nos sugería, a guisa de información solamente, que así que se dominaran a los talibanes y a los afganos y a los paquistaníes y a los palestinos, posiblemente, tal vez, quién sabe, todo pudiera ser, comenzaría a funcionar el mecanismo para iniciar o prever la salida del sol.
Pese a cualquier reticencia, inevitable en un estado de cosas como el que mantenemos, creemos por una sola vez y sin que sirva de precedentes la filosofía política de los discursos que se han pronunciado y aceptamos los fines para los cuales se nos aconseja la fe, la confianza y la fidelidad como argumento popular para conmover los corazones de estos luminosos ilustradores.
No podemos, no debemos desdeñar la doctrina benemérita que pueda desprenderse de este esbelto y un tanto complicado señor de todos los mundos actuales, porque llevamos demasiado tiempo esperando a que la palabra que salva, sea pronunciada.
Porque ¿sabe usted, señor?: Porque el que espera desespera... Bertold Brecht lo dejó escrito: Para los de arriba, hablar de comida es bajo. Y se comprende: porque ya han comido.