la opinión del lector (I)
Venta de sangre
Las amputaciones voluntarias fueron reprobadas desde que Orígenes, según cuentan, se castró a sí mismo para evitar caer en la tentación. Uno no debe autodestruirse innecesariamente y si tenemos un cuerpo hay que cuidarlo para lograr el fin de nuestra existencia: la felicidad, como decía Santo Tomás y tantos pensadores clásicos. En la prostitución se vende temporalmente, sin embargo, la venta de órganos se convierte en un mal mucho mayor. Los que venden un riñón, una parte del hígado, un ojo, etcétera, están tratando a los seres humanos como cosas, y sabemos que sucede ilegalmente en algunos países pobres, aprovechándose de la miseria de algunos. Los pobres podrían estar tentados para ser engullidos en un macabro mercado de órganos. No obstante, la universidad de León consideró hace poco la posibilidad de dar un título educativo por la donación de sangre, unida a unas charlas sobre el líquido rojo. El paso siguiente podría ser la prostitución a cambio de títulos de licenciado o doctor, la donación de un riñón para conseguir una cátedra, etcétera, como si no se hubiese escrito «El mercader de Venecia», de Shakespeare. Del mismo modo, el Instituto Cervantes, es decir, la bandera cultural de España, quiere distribuir por todo el mundo los vinos de la Mancha, porque son culturales, ya que debió beberlos Don Quijote. Por lo mismo podrían convertir esos centros de saber en un mercadillo de jamón, tocino, alubias, agua, huevos, ropa... Las botellas de la sangre de la tierra sustituyen así a los libros en sus estanterías, las instituciones culturales se entregan a la borrachera y se vende, más que se enseña. Tal vez incluso propongan morcillas hechas con la carne de estudiantes pobres, preparadas por nuestros supremos cocineros, ya invitados a las más importantes ferias de arte contemporáneo. Los bárbaros no llegaron a tanto y menos de un modo tan tonto.