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VICTORIANO CRÉMER
León

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Por si les valiera a ustedes que seguramente andarán a las tres menos cuarto, que es la hora de las rebajas, todo el universo mundo habla y escribe sobre los dineros: los dineros pendientes, los dineros que se nos deben y los solemnísimos dineros que nos amenazan. En estos mismos momentos en los que me dispongo a entrar en harina del costal americano, no existe un ciudadano, sea blanco, negro, amarillo o cobrizo, que no hable de dineros así tenga entre manos otros negocios culturales. Los Estados Unidos han desplazado a su mítico Moisés que nos ha prometido llevarnos en brazos hasta los campos paradisíacos donde es posible conseguir dineros y vivir a lo grande. Confieso por mi parte que no entiendo demasiado de economía, pero me consuela saber que tampoco los políticos más encumbrados saben una palabra de fiducias, de economías estables, de superávits, ni de nada que se aproxime al difícil programa de la superación económica: Y reunidos en la Grandísima Bretaña de Gibraltar andan a la greña por inventarse justificaciones científicas para acallar los aullidos del hambre general, sin encontrar la clave, porque fuera de tópicos ya incorporados al lenguaje de los políticos de gran alcance, el respeto, o sea, nosotros, sabemos de dineros lo que nos dicten por la televisión o lo que nos aseguran en las comisarías donde se suelen recluir a los protestatarios de la trifulca tópica de los precios, de los dineros, de la crisis y del milagro de los panes y los peces. Los reunidos en la capital del Reino Unido, o sea la Grandísima Bretaña de Gibraltar certifican el resultado de los encuentros entre los países portadores de dineros (en lugar de portar valores eternos) estos fenómenos de la traducción del lenguaje a cifras y sonidos de cornetas, nos informan que no debemos dejarnos ganar por el desaliento, que más se perdió en Cuba y ahí tienen ustedes todavía en pie y cacareando a Fidel Castro, que ha bajado o está bajando en estos momentos el precio escandaloso del dinero y que ya podemos disponer del que nos de la real gana y la moneda de la que dispongamos, por 125, o por 1,25 y que si somos buenos, cuando se reúna el G-20, que es el cónclave de los chicos guapos, quizá, quién sabe, tal vez podamos disponer de dineros en el mercado por menos de esa exigua cantidad de 1,25. Estemos, pues, preparados para lo que pudiera venir y elevemos nuestras preces de pobladores pobres de pueblos en crisis, hasta san Obama, el Moisés negro que la suerte nos ha deparado y del cual esperamos sentados la ayuda indispensable para considerarnos salvados. Mientras, en el Reino Unido del cual habrán oído hablar y no siempre bien, millares de seres airados se sublevan a puro grito emitido en los más diversos idiomas, incluyendo el español, recuerdan a los dignos padres de la economía que nos ha sido impuesta. Desde las tribunas donde se manipulan ideas y dineros se nos recomienda: «Os ruego que no me comprendáis demasiado pronto ni con prisa, porque para morir hay tiempo...».

Nota: Fallecido el pasado día 27 de junio a los 102 años de edad, Victoriano Crémer había adelantado, según su costumbre, una serie de artículos que el Diario de León, interpretando que cumple la voluntad del autor, publica bajo el epígrafe El legado y la referencia numérica de cada uno de ellos.

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