Más cine, por favor
Mar de fondo | carmen tapia
He visto muchas películas en mi vida. Buenas y malas, toleradas y no toleradas, como se clasificaban en mi niñez. El pluriempleo al que se veían obligados los trabajadores para salir adelante en los años sesenta y setenta me dio la oportunidad de pisar mucho patio de butacas gracias a que mi padre alternaba dos trabajos, su puesto en Unión Fenosa y el de operador de cine en el Gran Teatro de mi pueblo, una joya que desapareció con los años para ser sustituida por un bloque de pisos. Me crié en el cine con imágenes que apenas alcanzaba a comprender. Jugaba con mi hermano con los trozos de cinta cortada en la cabina -”procedimiento impuesto por la censura-” y desde cuya ventanilla minúscula nos asomábamos para ver las proyecciones que nos estaban vetadas por edad. En verano, los pases se trasladaban a la Plaza de Toros -”desaparecida también con los años-” al aire libre, donde rara era la noche en la que no me quedaba dormida en el regazo de mi madre hasta que, tras la última sesión, volvíamos a casa. Tengo que confesar que, a escondidas y en bambalinas, mi familia nos permitió ver también los espectáculos de revistas musicales que llenaban el teatro en los años del destape. El acceso gratuito nos permitió asistir a todas las obras de teatro en los años de esplendor del edificio, pisado por los actores de primera línea del momento. Esos recuerdos fotográficos han vuelto a mi cabeza con una iniciativa municipal para las fiestas de San Juan y San Pedro que ha pasado casi desapercibida: el cine en la calle. El césped del parque del Chantre se llenó de nostálgicos de las noches románticas de verano que no quisieron perderse Crepúsculo y Desayuno en Tiffany-™s . Una oportunidad de ocio, para la cultura, una alternativa para la gente joven que busca otras formas de entretenimiento estival. Animo a la Concejalía de Cultura a programar más cine en la calle este verano, con las proyecciones de las obras de arte de todos los tiempos.