Diario de León

TRIBUNA | PEDRO RABANILLO MARTÍN

La Venatoria. El «conjuro» de la sauna

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Soy socio de la Venatoria desde hace 40 años. Una sociedad que no se distingue de otras similares excepto por las actividades anexas: caza y pesca, que parece ser se desenvuelven aceptablemente, dentro de lo que compete a sus parcelas deportivas.

En cuanto a asociación privada de ámbito más extendido, se viene gestionando de manera clara y transparente, contando siempre con los prejuicios que desde las distintas «capas» fluyen en función de los criterios personales que cada socio/a entiendan los más apropiados. Desde ese tiempo a esta parte han pasado distintas directivas y, menos presidentes, ya que cada cual ha podido serlo de distintas ejecutivas, por tanto le ejecutoria de cada uno se mide por la percepción que durante los respectivos mandatos haya quedado de éxito o fracaso, siendo los socios/as quienes han de valorar el trabajo realizado.

El último que ha pasado por el «cedazo» de la opinión, ha sido Maximino Cañón, «Maxi» para los amigos, el cual desde mi modesto punto de vista -tengo derecho a opinar- ha ejecutado una labor encomiable, digna de toda relevancia, asistido por una directiva que no le ha ido a la zaga y, que han puesto dentro de sus posibilidades el deseo y buena voluntad en agradar a toda la Sociedad. El aire de frescura que dieron al ambiente de la asociación, se sentía, paradójicamente, por ese calor que en los actos culturales y de ámbito gastronómico se desprendía de la concurrencia que no ocultaban la satisfacción del momento. Por tanto no entiendo como en tan breve espacio de tiempo se hayan vuelto las «cañas lanzas», y en plan beligerante establecer una batalla «sin cuartel» lanzando una serie de «dardos envenenados» hiriendo en la más íntimo a unas personas que hasta ese infausto momento -increíble pero cierto- «gozaban», parece ser, de cínicas sonrisas e hipócritas apariencias, viéndose obligados, por dignidad, a presentar la dimisión dejando a los inconformistas a los «pies de los caballos» de su mal calculada intervención.

Entiendo que la mayoría no entendamos la forma de llevar a cabo la administración de una entidad de estas características, por tanto debemos ser considerados/as y depositar nuestra confianza en quienes de buena fe tratan de realizar un buen trabajo, que no siempre es fácil, existen entresijos que van desde la modesta «cuenta la vieja» hasta la más sofisticada ingeniería contable, tratando de buscar lo más ventajosos para la Sociedad. Esto no quiere decir que no aceptamos la intervención de esas personas, que también de buena fe y, por adquirido compromiso se interesen en constatar que las cuentas en cuestión sean fiel reflejo de una buena administración, pero lo que subrayo es que ha de hacerse bajo un nexo y premisas de discreción que evite que otras por ignorancia lancen bulos atentando contra la dignidad de quienes por altruismo se ha brindado a llevar a cabo este cometido. Es injusto que se vengan produciendo graves acusaciones, demostrando que los que las profieren no son conscientes del delito en que incurren por falsa imputación e indecorosa maledicencia. La justicia nunca exonera de culpabilidad a los ignorantes.

Hasta aquí hemos tratado de sintetizar a nuestro modesto entender, la gestión llevada a cabo por la directiva saliente, pero hay un hecho que nos produce cierta perplejidad, y pudiera ser que enlazara el conflicto asambleario con el lapsus de confrontación de la piscina y la sauna, sobre todo por esa coincidencia en el tiempo y la dualidad de ideas, que nos hace maliciar pudiera ser la génesis de este polémico asunto.

Queda más que demostrado que la permanencia en activo de la piscina en cuestión acarrea unos gastos inasumibles, que fácilmente pueden eludirse sin perjuicio para los usuarios de la sauna. Una cosa es que la Sociedad se muestre complaciente con este servicio, y otra muy distinta que la autocomplacencia y autoexhibición se instale en el ánimo de los usuarios, y que exijan de manera contumaz que la piscina permanezca a su entera disposición sin condiciones. No es ese el camino. Ha de ser el sentido común el que impere sobre ese estado de sinrazón al existir varias alternativas a ese empecinamiento, que conociendo a algunos de los «interesados» sorprende su injusta posición al respecto. Las duchas y piscina interior bien pueden suplir el controvertido «chapuzón» o zambullida, deplorando que haya podido ser el «rayo» provocador de esta injusta y estúpida tormenta. La actual directiva debe de tomar cartas en el asunto y erradicar toda sospecha de compromiso. Su papel está en buscar beneficios para la Sociedad y no despilfarros innecesarios.

Retomando el espíritu del escrito, quiero darle las gracias a la directiva saliente, y muy especialmente al Presidente, como máximo exponente de una gestión bien nacida y mejor acompañada de unos/as buenos/as colaboradores/as, y como no al amigo Bahillo que últimamente haya podido sufrir inmerecidas imputaciones, por aquello de que siempre estuvo pendiente del disfrute de la Sociedad, no sólo como componente de la directiva, sino por aquellos buenos momentos que hizo pasar a quienes tuvieron la curiosidad de seguirle en sus personales actuaciones, que siempre quedarán para el recuerdo, incluso para el de sus «ingenuos/as» detractores/as.

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