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León

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Al trasluz | eduardo aguirre

El programa de una cadena de televisión nacional muestra cómo es el veraneo en distintas ciudades de España. El veraneo gore, cabría decir, pues lo que vimos fue una colección de nosferatus hispanos, recién escapados de una fantasía calenturienta del inspector Torrente. ¿Somos realmente así? Como la respuesta sea afirmativa, entonces, estamos más hundidos que el Titanic , y esta crisis no se arregla sólo con dinero, y ya sólo nos queda comenzar de nuevo, desde Atapuerca, volver sobre nuestros pasos evolutivos, para ver si tiene arreglo. «¡El horror, el horror!», hubiera exclamado Kurtz. El programa me produjo pesadillas. Dioni es un intelectual de la noche comparado con cierto macarreo de nuestras costas del sur. Claro que también puede ser que la cadena sólo se haya interesado por cierta clase de personas, para hacernos pasar la parte por el todo. En refinamiento estival no estamos para tirar cohetes. No pretendo revindicar el veraneo finolis, al que tampoco uno está llamado, sino lamentando la pérdida de una elegancia hispana que siempre nos distinguió, sea dándole al botijo o al daiquiri en el hipódromo. «En España lo mejor es el pueblo», sentenció Antonio Machado. Y es cierto, pero esto de lo que venimos hablando es sólo urbanismo del quiero y no puedo, globalización de la vulgaridad. A esa España la pones una serie como Yo Claudio y no hay camas para atender las urgencias; ni poniéndole muy espaciados los episodios. A veces, da la sensación de que ciertas cadenas programan sólo para esta clase de personas, que posiblemente ni siquiera vean la televisión, pues la noche los confunde. En lo concerniente a las cadenas televisión nacionales, no vivimos un Siglo de Oro. Más bien de plomo. ¡Viva el turismo de interior! Al menos, Georgie Dann es un clásico.

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