Diario de León

LA OPINIÓN DEL LECTOR (I)

Más sobre incendios

Publicado por
FRANCISCO COUREL FERNÁNDEZ | LEÓN
León

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Más sobre incendios Ex fumo dare lucem» (Por el humo se sabe donde está el fuego). Se ve que por el Lacio sabían sintetizar mejor los textos que nuestra insuperable paremiología celtibérica,,, Pues bien, expuesta la cuchufleta anterior a guisa de exordio, vayamos al grano de los incendios que hoy nos ocupa: El día siete de los corrientes, nuestro periódico —nuestro imprescindible Diario de León— en portada, a cuatro columnas y grandes titulares, anunciaba de la siguiente manera lo que en páginas 2 y 3 se desarrollaba con gran amplitud informativa: «La Junta pide colaboración para cazar a los pirómanos; los 570 incendios registrados en la provincia esta temporada han devastado más de 7.500 hectáreas, de las que 1.600 corresponden a superficie arbolada…» En las páginas citadas del interior, aparece, entre otras, una muy buena fotografía de ocho hombres con casco, mochila, y camisa «guay», color canario, dispuestos —supongo—a embarcarse en un Helicóptero —también «pipudo»—, que les esperaba en las inmediaciones… Medité un momento y saqué la consecuencia, después de elementales cálculos de primera enseñanza, que las 1.600 hectáreas de masa arbolada, suponían la friolera de 1.600.000 metros cuadrados; y de que, dándole a cada arbolito un espacio vital en el sotobosque de 20 metros cuadrados, habían fenecido en la contienda 80.000 seres vivos —que también los arbolitos lo son—si contar los miles de millones de otros seres vivos —tan interesantes o más que los propios arbolitos— también tristísimamente calcinados en ese sotobosque de 1.600.000 metros cuadrados…¿Cuándo se recuperará la fauna y la flora —todos seres vivos, no se me discuta—de aquel sotobosque?... También se me ocurrió pensar —como militar de a pie que soy—que ni en el desembarco de Normandía, ni en las infinitas batallas canguro de los americanos en el Pacífico, después de la famosa chulería de los japoneses en Pearl Harbur —cambiando lo cambiable, claro está: que la pérdida de una sola vida humana no tiene parangones—, se me ocurría pensar repito, que tal vez las tropas americanas actuantes no tuvieran tantas bajas. Pero volvamos a la fotografía, que es el tema central de hoy: Yo estaba viendo en aquel helicóptero «pipudo», uno grandón y feo, de color caqui, como el que vemos con frecuencia relativa en los reportajes de los ejercicios tácticos de las Fuerzas Otan, cargado ya con cincuenta bombas de agua de noventa quilos —que será el peso medio de un paracaidista con su equipo de combate al hombro— rotor en marcha, volando raudo hacia el frente forestal incendiado… Y lo veía detenerse prácticamente en la vertical y en el eje del incendio, e ir soltando una a una sus bombas de agua, de apertura automática controlada, con el ritmo que los efectos sobre el fuego fuese imponiendo, hasta haberlo extinguido: ¡Así de sencillín, estimadísimos eventuales lectores replicantes! También veía, para ir terminado el rollo de hoy, a aquellos mocetones de las camisas «guay canario» y cascos, vestidos con el típico uniforme de camuflaje, moviéndose hacia el Helicóptero que les llevará a relevar o montar los típicos observatorios militares de campaña, dotados, a fuer de todas las comodidades exigibles, de los más modernos medios de observación y transmisiones… Yo le aseguro, ilustrísima señora consejera de Medio Ambiente de nuestra Junta de Castilla y León, que desde esos observatorios, no solamente se detectarán en su inicio los fuegos, forestales o no, que se produzca; sino que —y esto es interesantísimo—con los modernos medios de observación existentes se podrán detectar hasta los criminales pirómanos que, con tanta razón preocupan a V.I.; comunicando inmediatamente a nuestras parejas todo terreno de la eficacísima Guardia Civil, su presencia y movimientos, para darle caza, seguidamente, al estilo —es un decir— que se cazan nuestras liebres.

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