El parto del Constitucional
Aquí y ahora | fermín bocos
L o peor de los partos es la espera. En dicho trance, todos los temores suelen encontrar asiento. Lo estamos viendo estos días en la vigilia -”de elefante, por cierto-” del fallo que ha de emitir el Tribunal Constitucional en relación con el estatuto de autonmía de Cataluña.
En Cataluña, suena el olifante. Los Montilla, José Luis Carod Rovira, Artur Mas, Pascual Maragall, los mismos que se aprovecharon de la frivolidad con la que José Luis Rodríguez Zapatero se conduce en la política para forzar la máquina institucional y fletar un Estatutde Catalunya ajeno a la Constitución, ahora tocan a rebato. Se escuchan voces apocalípticas. Caso de sentencia desfavorable, Benach, el presidente del Parlament, pronostica ¡nada menos que una crisis de Estado. Mas y los demás -”José Montilla incluido-”, dicen que un tribunal no puede tumbar lo que ha sido refrendado por los ciudadanos. Olvidan que la legitimidad del Tribunal Constitucional emana directamente de la Constitución -”aprobada por abrumadora mayoría de los ciudadanos, incluidos los residentes en Cataluña-”, y, puestos a olvidar, tampoco recuerdan que dos de cada tres catalanes con derecho a voto pasaron del actual Estatut cuando hace tres años fue sometido a referéndum.
Tarradellas, López Raimundo, Solé Tura, Miquel Roca o Jordi Pujol nunca habrían llevado a Cataluña al registro político de confrontación con el Estado en el que se encuentra. También es cierto que Felipe González nunca nos habría embarcado, como si lo ha hecho Rodríguez Zapatero, en un proceso del que sea cual sea el signo del fallo del Tribunal Constitucional ya sabemos que está creando una tensión política tan fuerte como innecesaria. Máxime en tiempos en los que los ciudadanos que no se dejan comer el tarro por los políticos más que por el parto del Tribunal Constitucional están preocupados por la crisis económica, el paro o la posibilidad de perder el empleo.