El modelo alemán
Panorama | antonio papell
La vicepresidenta Salgado dice estar dispuesta a ap licar el modelo alemán para frenar aquí el desempleo. Y aunque más vale tarde que nunca, es inevitable lamentar tanto retraso en prestar atención a una medida que, a la luz de la experiencia ajena, debió haber sido introducida mucho antes en el diálogo social. Salgado se refería a la llamada «kurzarbeit», literalmente jornada reducida, fórmula de ayuda pública a la que pueden acogerse aquellas empresas que, siendo viables, se vean afectadas por una súbita caída de la demanda a causa de la coyuntura, de modo que previsiblemente regresarán a la normalidad en cuanto ésta mejore. El programa de ayuda, que fue una de las medidas estrella de la «Agenda 2010» lograda por Schröder en 2003 y consensuada por todos los agentes políticos y sociales, consiste en permitir a estas empresas una reducción de jornada con la consiguiente reducción de salario, que es compensada con subsidios que alcanzan el 60% del salario perdido y hasta el 67% si el trabajador afectado tiene hijos a su cargo. Mediante este sistema, se logra la supervivencia de las empresas afectadas por la recesión y se mantiene a sus trabajadores en situación de empleados, con la seguridad que les proporciona conservar sus contratos.
La propuesta de la «kurzarbeit» fue aquí sugerida por varios analistas hace ya mucho tiempo (el tiempo económico corre con más celeridad en recesión). Así por ejemplo el 18 de junio pasado Xavier Vidal-Folch explicaba las razones por las que Alemania, que en el primer trimestre había sufrido un retroceso del PIB del 6,9%, más del doble que España (3%), no había incrementado el paro en dicho período -el empleo subió incluso una décima- en tanto el desempleo español creció un 6,4%. Una de las herramientas que explican el milagro es el «kurzarbeit», al que se han acogido más de un millón y medio de trabajadores, que, a un promedio de reducción de un tercio de jornada, representa la salvación de medio millón de puestos de trabajo. El otro mecanismo utilizado para paliar la recesión es el aparcamiento o suspensión temporal de empleo: la empresa paga el 10% del salario y casi todo el resto, el Estado; el trabajador sigue en nómina pero sin más tarea que aprovechar el ocio para reciclarse. El periodo máximo empezó siendo de un semestre; desde la primavera puede llegar a 18 e incluso a 24 meses. Es evidente que estas medidas no resuelven por sí solas la recesión (apenas reducen sus efectos más destructivos), y de hecho la reelegida canciller Merkel explicaba el martes en su primer discurso ante el nuevo Bundestag que «la situación aún empeorará más antes de mejorar». En efecto, los analistas presagian que el paro en Alemania, que es actualmente del 8,3%, crecerá todavía intensamente, al contrario que en España, donde ya ronde sus niveles máximos. Y tampoco puede decirse que el nuevo Gobierno sepa muy bien qué hacer. De entrada, Merkel sigue sin aclarar en qué consistirá su prometida bajada de impuestos, relegada ahora al 2011 y que en todo caso quedará supeditada a la marcha de la economía.
En suma, aunque la situación de Alemania siga siendo mala, es evidente que el pacto socia está minimizando el coste social de la crisis y manteniendo el desempleo en niveles manejables. Ya tienen, pues, ante sí los agentes sociales españoles la pauta de lo que deberían negociar, y cuanto antes.