Hasta el final
Al trasluz | eduardo aguirre
Mientras mi mujer seguía con desespero culé el partido del Barça, yo leía Confesión , de Tolstoy. Los del Real Madrid somos así de circunspectos. Por supuesto, sentados en el mismo sofá y envueltos en la misma manta, pues lo cortés no quita lo valiente. Ella sufrió hasta el final, yo disfruté todo el rato con este libro breve e intenso, en el que cuenta su evolución religiosa, desde sus tanteos desesperados con esto y lo otro hasta el hallazgo espiritual final, tras haber dado en numerosas ocasiones por perdida la batalla que en su interior tenía lugar, y que en una personalidad como la suya se manifestaba como un Waterloo de sentimientos extremos, donde era fácil caer víctima del fuego amigo.
Pues bien, andaba metido en lo mío, es decir, en lo de Tolstoy y su lucha contra la propia desesperanza existencial, cuando me di cuenta de que algo similar estaba ocurriendo en el partido. El Barça fue perdiendo hasta el último minuto, y cuando ya parecía sentenciado el resultado, se produce el gol del empate, que le abrió las puertas de la victoria en la prórroga. Así ocurre en el fútbol y también en la vida. Nunca hay que rendirse. El escritor ruso nos cuenta sus años de atormentada angustia al creer que vivir carecía de sentido, pero ignoraba que su partido no había concluido; ni el suyo, ni el del Barça. Y en esto, llegó ese gol antes de que el pitido del árbitro sentenciase el encuentro. Y en esto, el ruso marcó también el suyo: la anhelada compresión del sentido del sinsentido. Porque en el fútbol y en la vida hasta el final todo es posible. Felicité a mi mujer y felicité al señor Tolstoy.
Y ahora le felicitó a usted, lector, si ha llegado hasta aquí sin rendirse, proeza admirable. Quizá, también en el columnismo hasta el final todo es posible. Feliz Navidad.