viernes 27/5/22

La soledad de Mañueco

Al final Mañueco será investido presidente en Valladolid sin la compañía del nuevo flamante presidente de su partido, el PP. La excusa de una reunión con los agentes sociales no oculta el «repelus» que le provoca a Feijóo tener que compartir festejos con Abascal. Sobre todo, porque su ambigüedad sobre futuros pactos con la formación de extrema derecha queda a salvo con su ausencia y con el argumentario de que el pacto en Castilla y León se llevó a cabo cuando él todavía no era presidente.

Cuca Gamarra, que se perfila como la representante en cuestiones conflictivas, asistirá junto a Ayuso, que nunca ha ocultado su disposición a gobernar con Vox si es preciso. El resto de presidentes autonómicos, que el año próximo pueden verse en la misma situación que Mañueco, esperan directrices de Feijóo. Aún así, saben que muchos de ellos, perdido el soporte de Ciudadanos, tienen pocas salidas para mantenerse el poder si no es con los de Abascal.

Mañueco, al que en el congreso del partido en Sevilla se le vio especialmente solo, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de demostrar que se pueden «controlar» las veleidades revisionistas de los principios de la democracia, aun gobernando con Vox. Por ejemplo, que no se puede ceder al chantaje de dejar sin contenido la ley contra la violencia de género cuando, ayer mismo, otra mujer, la numero once este año, era asesinada por su pareja.

Si al final el experimento sale mal en Castilla y León y es Vox quien en realidad gobierna, Feijóo se arrepentirá de haber dejado el remanso de paz que era Galicia para aterrizar en Madrid. Entre otras cosas porque su principal apoyo, Juan Manuel Moreno, es muy difícil que consiga la mayoría absoluta en Sevilla, por mucho que rebusque debajo de las piedras la fecha mas adecuada para convocar a las urnas.

El PP va a utilizar el espantajo de los pactos de la izquierda con los proetarras y los independentistas catalanes para justificar la entrada de Vox por primera ve en un ejecutivo autonómico. Precisamente, una formación que está en contra del Estado de las Autonomías.

Núñez Feijóo puede entrar en la misma etapa de insomnio que sufrió Pedro Sánchez al descubrir que o nombraba a Iglesias vicepresidente o tenía que dejar la Moncloa.

Por mucho que dejen solo a Mañueco en su día de gloria, lo importante es lo que vendrá después y ahí no caben excusas.

La soledad de Mañueco
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