Cornada de lobo | pedro trapiello

Bendito cartulaje

Publicado por
pedro trapiello
León

Creado:

Actualizado:

En el Cielo no hay cartulaje para jugar a la baraja, vayapordiós, cágonlabirria. No cabe el burle allí. Así se lo dijeron a la señora Nuncia y ahora ya no le remuerde tanto la conciencia si alguna vez llega tarde a misa o no llega. ¿A qué tanta prisa y cilicio para entrar cuanto antes en la gloria celestial, si allí no hay mesas para decir una misa de brisca con pastas junto a las amigas del pueblo o del barrio... o un julepe de a euro para enfurecer a la husmia y avara de la Amparo, un continental con señoronas de cafetería y moño, una perejila en toda regla trillándose la calderilla, un chinchón con un chinchón dulce?, ¿a qué?, ¿y cómo lograrán matar las tardes beatíficas del más allá, si no es con una partida de cartas?, se pregunta Nuncia admirada y sobrecogida: ¡¿toda un eternidad sin una brisca, sin cartulaje?!...

No es mal vicio, piensa Nuncia. Aplaza el alzheimer. Y quedar para una partida mata soledades, desahoga, junta y da para hablar. Es la comunión social de mujeres que antiguamente se resolvía en el lavadero. Hoy, las penas, los chismes, los trapos y los maridos se lavan en cafelitos de mañana o en partida de cartas, ellas con ellas, partidas crecientes en las cafeterías urbanas que dan razón de la conquista femenina de espacios que hasta hace nada eran coto de partidorra masculina con niebla de faria en el aire. Las mujeres también jugaban antes a las cartas, y cómo, pero en casa, obligadas, discretas, sin gastar, a lo suyo, desternillándose o haciendo sangre... ¿y qué quieres, dice Nuncia, si nací en una casa y en un pueblo donde las tardes mojadas y las noches largas de invierno no se cruzaron jamás sobre un libro o unas hojas de almanaque, sino a lomos del rey de copas, el caballo de estacas y el siete de velus?

Y yo le dije mire, Nuncia, si en el Cielo no hay partidas de cartas, quizá haya taichí, pinpong o ginseng a la hora del té, pero seguro-seguro que habrá cursos de iniciación a internet. Apúntese a uno, porque ahora, al entrar en el Cielo, te dan una lira para trinar glorias y un ordenador portátil (Google es Dios, aseguran algunos). Genial: en el ordenata hay juegos de cartas que ni imagina o mil modos de hacer solitarios. Dígale a su nieto que le vaya enseñando cómo.... y no se grille la misa.

Cargando contenidos...