Diario de León

El paisanaje | antonio núñez

Qué putada

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antonio núñez
León

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Y perdone el señor obispo don Juli la licencia poética, pero no es mía, sino de los cincuenta mil conductores, así contados uno a uno por los chiris de la policía local, con un margen de error de un par de ellos arriba o abajo, que cruzaban a diario el cruce de Michaisa. A duras penas, eminencia, pero lo pasaban. Se lo puede jurar al cura Anexio de la parroquia de San Francisco de la Vega, que también está hasta la coronilla del paso a nivel del Crucero, pero no por eso lo excomulga como el alcalde Paco Fernández a los semáforos de Michaisa.

Cincuenta mil y pico coches desparramados desde allí es como en Brasil una marabunta de hormigas sin avisar con el agravante de que aquí el que tenía que alertar el otro lunes era el Ayuntamiento. Hay hormigueros mejor organizados sin pagarle un sueldo a la hormiga reina, dicho sea sin ánimo de señalar. La cuestión es que los leoneses que tienen que entrar o salir de la ciudad desde o hacia La Virgen del Camino, Benavente o Astorga, llegados al cruce cerrado de Michaisa, semejan una legión de filósofos griegos -”se dice por Sócrates y el estoicismo-” de modo que hasta el de la furgoneta se para y no para de pensar: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Arréglatelas en la vida como puedas, macho, porque por fin ha avisado el alcalde que hay para tres meses de chapó en el cruce de Michaisa. Y llevan otros tantos de obras. El que tenga un negocio por allí que le eche la trapa y pruebe a abrir después. Las reclamacines al interventor, que no tiene suelto.

En las ciudades serias cuando se emprenden obras de esta categoría suelen valorarse antes los pros y los contras e, incluso, alternativas. Por ejemplo, al tráfico. Lo lógico es hacer un estudio previo sobre necesidades de la gente para circular de aquí a allí, marcar unos plazos razonales a fin de que se ande mejor, hacer el menor estropicio posible en las obras y hasta colocar policías para ordenar la circulación en vez de poner multas, ya ve usted qué fácil. Aquí, en cambio, se ha dispersado a la población tal que si hubiera llegado Atila sin avisar. Sólo el martes el concejal de Movilidad, José Antonio Díez -”manda huevos el cargo, señor obispo-” se dignó dar cuenta del cierre de Michaisa y de cambios en las líneas de autobuses. Luego se apeó de la rueda de prensa y se quedó tan pancho.

Pero, con permiso de su eminencia reverendísima, no hay mal que por bien no venga. La feligresía que tiene que ir a empalmar, dicho en el buen sentido de la palabra, por ejemplo del centro a Michaisa hacia Trobajo del Cerecero, La Virgen del Camino, Sahagún, Benavente o Burgos no tiene más remedio que pasar por delante del Palacio de los Deportes y la plaza de toros -”olé-” una vez pasados los juzgados y el piso donde vivía Zapatero cuando todavía no presidía nada. Antes de enfilar la carretera de Vilecha es fama que hay señoritas que ejercen el oficio más viejo del mundo. Hasta este invierno tenías que cerrar la ventanilla y poner el cierre automático en el coche porque se te colaban dentro. Pasaban cuatro coches. Ahora, en cambio, hay tal atasco en la zona que hasta seleccionan marcas y matrículas. Si usted no tiene un BMW o un Mercedes no se jalará una rosca. Hay oberbooking.

Existen opiniones controvertidas sobre esta machada de Michaisa. Desde el PP algunos se frotan las manos pensando que cincuenta mil conductores cabreados son muchos votos -”faltan dos años todavía para las urnas municipales-” y seguramente en el PSOE opinen que, dado que sus votantes lo hacen a piñón fijo, pase lo que pase o pase a quien pese por Michaisa, hay que sumar también los votos de las putas del otro lado del mar de Papalaguida. Tres meses no se lo cree nadie y a poco que duren nueve, ya veremos. Si tardan otros seis años, como el AVE de Zapatero, le dije yo a mi novia del amor fingido y bien pagado, el chico podrá hacer la primera comunión. O la mili.

Coño, qué papeleta, señor obispo.

Pero así está el tráfico.

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