Diario de León

El paisanaje | antonio núñez

Crónicas extraterrestes

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antonio núñez
León

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En el cine negro americano es famosa la escena de dos periodistas en la que uno le ruega encarecidamente al otro «no le digas a mi madre que me dedico a esto; la pobre cree que trabajo en un burdel». Aquí hasta ahora, cuando las cosas no cuadraban con las que quería el Gobierno, solíamos decir entre colegas «si quieres ascender, no permitas que la realidad te estropee un buen reportaje». Y aseguran que en tiempos de Franco pasaba lo mismo. Llegaba un viajante a Casa Benito desde los Barrios de Luna y comentaba «coño, he pasado por allí y cómo está de vacío el pantano del Caudillo», mientras que en la foto del Diario de León aparecía a rebosar. La discrepancia se sustanciaba en comisaría con un «viaje menos y lea más el periódico».

Viene esto a cuento del último viaje de Zapatero a León para inaugurar el nuevo cuartel del GRS de la Guardia Civil en La Virgen del Camino, cuya primera piedra la puso el padre dominico Eustoquio hace diez años, y en cuya bendición del otro lunes colocaron a las autoridades civiles y militares a un lado y a mis colegas de foto y pluma lejos para que no enredaran. Con lo novatines que son la mayoría. Anduvieron estos últimos cual puta por rastrojo sin poder hacer una mala pregunta ni una buena fotografía y juran quienes estuvieron allí que los llevaban en fila india sin moverse ni rechistar, qué remedio. A servidor algunos jóvenes colegas le recuerdan al banderillero aquel que llegó a gobernador civil y, presidiendo la corrida, cuando le brindaban el toro preguntando cómo había llegado tan alto respondió «degenerando, maestro, degenerando».

Por una vez todos los periódicos de la provincia han coincidido sobre la visita zapateril de esta semana: «no ha dicho nada en concreto», titularon todos sobre el AVE, la Azucarera Santa Elvira fassion, la línea Sama-Velilla, lo de la autovía a Valladolid, los ciclos combinados de Endesa y patatín y patatán. O, pongamos que para empezar, el paso a nivel del Crucero, que da juego desde antes de Martín Villa.

Otros contenidos aparte, que vienen también de diez años atrás o más, como mínimo de cuando los cubalibres del difunto padre Eustoquio, en lo del GRS no había ninguno, y toda la visita fue un paripé de fotos oficiales con autoridades de corbata y gorra presentando armas contra, según dice el Gobierno, una potencial amenaza nuclear, biológica o química. Con esta tropa -”y no se dice por los guardias civiles-” casi mejor que nos vacune Putin.

Esta payasada sin precedentes puede ser uno de tantos preámbulos de la campaña electoral -”siempre estamos en las mismas-” y la premonición de lo que les espera en ella a los coleguis de prensa, radio y televisión. «Oiga, que les mando el discurso, las fotos y el titular a cuatro, pero no se admiten preguntas», llama cualquier mindundi del político más desgraciado al sufrido redactor jefe, «así que mándenos a un gilipollas a la rueda de prensa». «Hecho», dirá la telefonista del director hasta que en las redacciones sólo quede él porque todos los demás estarán de sobra vía Internet o fax. Hay que joderse, Mariano José de Larra: del fascismo hemos pasado al fax-cismo.

Lo de las ruedas de prensa sin pregundas y con los fotógrafos en un zulo es demencial para la profesión. Algunos dicen que estoy loco, pero a mucha honra. Volviendo a Zapatero ¿Quién no lo conoce aquí de pequeño? Pues leña al mono, colegas, que es de goma y lo que no hable con las cejas se puede sobreentender a gusto de cada cual.

Le decía Walter Mattau a Jack Lemmon en «Primera plana», una película sobre ésta profesión, golfa pero sincera donde las haya, que nadie se molesta en leer el segundo párrafo de la noticia. Y, efectivamente, Zapatero inauguró en titulares el GRS y todo lo demás es morralla hasta llegar a las páginas de deportes, donde, por cierto, el otro día faltaba Florentino, el del Real Madrid, porque estaba en La Virgen del Camino con la Guardia Civil.

Todo sea por la Patria.

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