Diario de León

El paisanaje | antonio núñez

Apaga y vámonos, pero pronto

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antonio núñez
León

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Se dice esto último porque aun quedan dos años hasta las próximas elecciones y, si en el bienio anterior hemos pasado de la «desaceleración» económica -”acuérdese usted de aquel palabro-” a la crisis, ahora estamos en la ruina pura y dura sin que dimita el que usted ya sabe. En el tiempo que todavía le queda en La Moncloa puede que lo del Titanic sea una broma. En Madrid se ven seguramente las cosas de otra forma, pero aquí la gente del barrio no compra un chicharro en la pescadería, el pollo a plazos, se corta el pelo al cero para que le dure más y a la hora del vino pedimos uno, y gracias, preguntando ya de paso si es con Iva. Afortunadamente todavía quedan taberneros que no han subido el precio y se limitan a responderte «con tapa».

Somos el hazmerreir de Europa después de Portugal, el de los fados llorones, y de Grecia, la patria de la tragedia. Tragicómico es congelar las pensiones, tener cinco millones de parados y una deuda exterior de la que dicen Sarkozy y la Merkel que o pagamos o tararí del euro. Oiga, pues por otra parte yo casi prefería pagar en pesetas, que, por lo demás, es en lo que uno sigue calculando.

Le echa el Gobierno la culpa a una fantasma que llama «los mercados» y debe de tener razón porque el miércoles la selección española perdió cero a uno frente a Suiza, gran potencia bancaria, pero no futbolística. Como mucho, según le decía Orson Welles en «El tercer hombre» a su amigo americano, el novelista barato, la mayor heroicidad helvética ha sido hasta ahora el reloj de cuco.

Se echa de menos un gran clamor nacional pidiendo la dimisión de un majadero al que su ex asesor Jordi Sevilla iba a enseñar economía en dos tardes y, pasados seis años, no sabe hacer la «O» con un canuto. Eso sí, las fotos con patronales y sindicatos le salían redondas hasta hace poco. Ahora CC.OO. y UGT le van a convocar una huelga general para septiembre como los estudiantes que suspenden en junio. Pero avisan ya que no es para quitar a Zapatero. Coño, será para tumbar a Franco en ultratumba, cuando no había cojones. Lo que salga de eso lo sabremos por San Froilán, o sea morcilla.

Advertía ya Galbraith, Nobel de economía y asesor económico de Kennedy, nada sospechoso de ser del PP, que a cualquiera que llegaba a presidente de la General Motors se le suponía automáticamente todas las virtudes inherentes al cargo. A continuación ironizaba sobre el «principio de Peter» el ejecutivo que siempre asciende por encima de lo que sabe «hasta llegar a su máximo nivel de incompetencia», o sea arriba del todo. Y, por supuesto, se pega al sillón como una lapa, si hace falta provocando un desastre para la compañía y para el país.

Sin explicarse todavía uno cómo llegó tal alto su vecino y paisano Zapatero tiene, sin embargo, claro que no piensa despegarse del cargo. Se lo dijo él mismo el otro día al presidente de Cantabria, el que va por la vida regalando botes de anchoas. «Mírame a los ojos, yo pienso aguantar». Esas fueron las palabras. Y, aunque otros lo nieguen, yo lo creo a pie juntillas, porque esas salazones me merecen la mayor credibilidad. Si no, mírele a los ojos a un bocarte de Santoña y a Zapatero. Busque, compare y, si encuentra algo mejor, compre. El problema es que aguante en la lata más de dos años, fecha de caducidad.

Volviendo al fútbol, ha sido una desgracia perder el primer partido ante Suiza, país donde lo más redondo que se ha visto es un queso. Dicen que al seleccionador Del Bosque no le dejan ver los árboles y ahora tiene problemas para ver más allá de sus bigotes. Podría ser el espejismo de Sudáfrica, un país rico en diamantes en bruto, medio arruinado como nosotros, pero también con mucho futuro. Deben de haberse endeudado la órdiga para organizar los mundiales y todavía hay sus más y sus menos entre los zulues y los holandeses.

Más o menos como aquí con la «roja» y los parados, pero al revés. Cien millones de pesetas de prima por jugador.

Hay que joderse, Angela Merkel.

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