Publicado por
pedro trapiello
León

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Maestro Vik, ¿cómo no echarte de menos?, ¿cómo no maldecir este cabo de año que resucita tu nombre y ausencia, pero que ha empezado ya a poner losas de tiempo muerto sobre el recuerdo?, ¿cómo no palpar el vacío de tus cafés mañaneros ojeando los papeles, anotando el zumo de alguna noticia en el margen del periódico o el latido de la acera en una servilleta de papel, bromeando o maldiciendo de los días flacos y de las mentiras gordas, esas que casi siempre asoman con la autoridad al fondo?, ¿cómo no recordar tus postreras conclusiones: « En todo pueblo hay un tonto y un campanario »?...

Que sepas, lo primero, que tu rincón en el bar Río es una mirada huérfana y aquella gente ve tu sitio y te evoca, te nombra en alto, gente de acera y corazón llano todos ellos, recordarás, gente quizá sin nombre o don, cuyo respeto y saludo eran tu halago y mejor premio (aunque el Gil de Biedma tampoco vino mal, fue un pellizco en tu honra, pero tardón). Gloria y Vicente te están preparando un paño de pared junto a tu rincón para grapar allí tu memoria, tus libros, un poema y una foto tuya con ellos en la que sales muy salao y con la venerable sonrisa inocente y cínica que sólo puede lucir quien calza el siglo de vida y está de vuelta de todo, o casi, pues tú seguías admirándote de cosas y mirando adelante hasta que te besó la muerte, que lo hizo con tranquila elegancia y compasión.

Y como no fue turbulento tu tránsito, te imagino desde el primer día paseando y curioseando por el Limbo de los Justos , ahora que lo dejó vacío la nueva doctrina vaticana y ha comenzado a okuparse por gente buena que no creía mucho en los cielos, pero sí en esta tierra apasionándose por el bien común y por el derecho de todo hombre a la justicia, a la libertad y a ser feliz. Si estás por ahí, y lo creo, habrás visto llegar hace diez días a Saramago. Os imagino en charla atropellada, sin reloj; es lo bueno de tener una eternidad por delante. Recuerdo cómo te conmocionó su Ensayo sobre la ceguera .

Seguro, también, que has visto a Pereira, seguro, escucho vuestras risas villafrancas . Por favor, manifestaos... esto está muy triste... apareceos los tres, que a algún cabildo le dará un soponcio y, al menos, volveremos a reír.

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