Gente de aquí | Caminar como respirar
Próxima parada, El Cairo
Joaquín Díez, de 80 años, ha peregrinado dos veces a Roma y recorrido cuatro veces la Ruta Jacobea: ahora caminará hasta Egipto y Tierra Santa

Joaquín Díez Pérez, durante una de sus caminatas hacia Santiago de Compostela.
Si el hermoso pueblo de San Martín de la Falamosa, cerca de Las Omañas, es conocido en las guías de viajes y en los libros de historia de los grandes caminantes, se lo debe a uno de sus hijos más universales, Joaquín Díez Pérez. Con 80 años, este infatigable andarín ha cruzado a pie media Europa, corrido varios maratones, visitado el Santo Sepulcro y postrado a los pies del Apóstol en cuatro ocasiones, sin olvidar un accidentado viaje de ida y vuelta a Roma para recibir la bendición del Santo Padre que casi termina con sus huesos en las catacumbas de Santa Domitila.
«Son los riesgos de andar solo por esos caminos de Dios», dice Joaquín con una sonrisa al tiempo que te mira con unos redondos y escrutadores ojos que reflejan el azul de los cielos del Sur de Europa, de donde acaba de llegar. «Tardé 41 días desde Bilbao la primera vez y la segunda, desde Santiago a Roma, ida y vuelta, cuatro meses; son otras edades, pero las ganas no disminuyen».
Para Joaquín, caminar y correr son como respirar: si no los practica diariamente se encuentra perdido. Por eso, cada vez que se entera de que hay un maratón para veteranos, o mixto, se inscribe. «Los jóvenes me miran extrañados cuando paso a su lado corriendo, como en esta foto». Y nos muestra una imagen en la que un muchacho le observa admirado, viendo cómo el veterano corredor le adelanta en una curva sin que su rostro refleje el más mínimo esfuerzo.
Joaquín es ya un mito entre los caminantes y cuando llega a los albergues los peregrinos le saludan con familiaridad. «Ahora ya voy un poco más despacio y no saco la media de 55 kilómetros diarios de antes, pero así y todo nadie me acompaña porque no aguantan el ritmo. Duermo donde cae, no paro en los albergues, prefiero más independencia. A cambio, corres otros peligros como el que me sucedió al regreso de Roma: un árabe quiso matarme para robarme, aunque pude hacerle frente con el bordón y se fue», relata.
«Llevo más de quince años recorriendo Europa con mi cámara y mi mochila -”continúa este infatigable caminante-”. Me conoce mucha gente en varios países, sobre todo cuando estoy en ruta. Mi fotografía viaja en muchas mochilas de caminantes con los que me encuentro. Cuando me ven me abrazan, comen conmigo o me saludan diciendo -˜¡adiós Joaquín!-™, -˜¡que llegues con salud!-™. Me costó convencer a mi familia para poder ir al Santo Sepulcro hace diez años, pero lo hice, y dentro de unos días me pondré en marcha hacia El Cairo y Tierra Santa. No puedo estar parado».