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León

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A la última | rosa villacastín

No soy futbolera pero obligada por las circunstancias, asisto a toda una batalla desatada en nuestro país. La batalla del fútbol. Una batalla encarnada como casi siempre por los dos equipos más relevantes y aderezada debidamente tras el triunfo incontestable de nuestra «roja». Pero debajo de este tema y trascendiéndolo, está la admiración que unos hombres que se dedican a este deporte nos suscita y como siempre se traduce en que miles y miles de mujeres empiezan a interesarse por lo que hay en torno a él. Siempre hemos admirado a hombres como David Beckham aunque no precisamente por la precisión con que bombeaba balones al área. Puede decirse lo mismo de Ronaldo, el hombre perfecto aunque no sea el más simpático. Pero yo siempre he mirado más a quienes les dirigen.

Me refiero a Pep Guardiola el entrenador del Barcelona y a José Mourinho, el del Real Madrid. Y ahí surge la cuestión, Pep o Mou. El mister del Barcelona representa los valores del fútbol desde abajo aunque haya tenido que pasar peripecias diversas hasta encontrarse dirigiendo el que se ha venido a llamar mejor equipo del mundo. Tuvo problemas en Italia tras abandonar la liga española y los resolvió con una determinación casi heroica tras no resignarse a que se le acusara de lo que él no había cometido. Triunfó, volvió a España a entrenar equipos de base, accedió al primer equipo del Barça y sus éxitos son incuestionables.

José Mourinho representa lo contrario. Acaba de afirmar que en cuatro años es capaz de conseguir lo que nunca ha obtenido el equipo blanco, el más galardonado del mundo. Estuvo en el Barcelona de ayudante, ha pasado por el mítico Chelsea con un palmarés impresionante y luego se fue a la liga italiana para hacer lo mismo con el Inter. Ahora, tiene claro que se las verá con un Guardiola que representa lo mismo que él: ansias de ganar, filosofía de hacer triunfar a su equipo por encima de todo. Ambos tienen en común más de lo que les separa: caracteres fuertes, ideas clarísimas, empeño en triunfar por encima de todo, no se arredran ante las dificultades. Se han convertido en iconos de una sociedad que es exigente con los resultados y poco comprensiva con los errores. Precisamente por ello, les admiramos. ¿Pep o Mou?. Ambos.

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