Publicado por
pedro trapiello
León

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Se abusa del término ciudadano o ciudadanía en un tiempo en el que meten la política en lejía para que parezca un sepulcro blanqueado, pero con tanto uso, comienza la palabra a sonar hueca o perder sentido. Cuando un político se pone farruco y dice ciudadanía, es como si le cupiera en la boca el padrón entero del lugar, pero en ninguna boca política hubo jamás sitio para alojar a la vez a toda la sociedad ciudadana, pues siempre habrá un montón o mitad que quedará fuera de promesas o intenciones.

Ciudadano era el morador de la ciudad (al de pueblo le dicen nomás villano o aldeano), pero ciudadano es también el miembro de una comunidad o estado que es sujeto de derechos y deberes. Así lo definió el derecho romano, aunque el título de ciudadano se lo daban entonces a pocos o había de comprarse a precio de atraco. La Francia revolucionaria lo rescató y entronizó en su himno nacional, pero se hizo más que nada para conminar al pueblo a ser carne de cañón (aux armes, cudadanos, formez vos bataillons), aunque acabada la guerra y la sangre impura que regó sus surcos , la ciudadanía aristocrática y burguesa siguió ordeñando o meando a la ciudadanía popular.

La palabra ciudadano , definiendo a la persona que goza de relación administrativa con un estado, parece algo sospechosa de limitar lo que más anhela el hombre: su libertad y la soberanía sobre su destino, pues las leyes que le honran y sujetan como ciudadano también le pueden oprimir cuando son necias, mejorables o abolibles, así que prefiero la palabra «pueblo» si ha de definirse al conjunto de personas unidas por historia, tierra, sentimientos o intereses comunes. El pueblo es el único soberano en las sociedades democráticas donde un soberano con corona no debería ser más que un delegado de curso. La soberanía reside en el pueblo, afirman los textos constitucionales. Pueblo significa más. Dígase pueblo. El ciudadano, como tal, sólo puede y debe acatar la ley, pero el pueblo puede cambiarla y a ello se debe para no quedar preso en la injusticia o en lo anacrónico. El ciudadano se resigna, pero el pueblo se subleva. El ciudadano paga, pero el pueblo puede impedir que se le robe.

Tú di pueblo.

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