Cosas de aquí y de allí | Despedida al cefalópodo con poderes
El fútbol se queda sin oráculo
Muere el pulpo Paul, adivino del Mundial de Sudáfrica
Gabi Barke, cuidador de Paul, coloca un crespón negro en el cartel del acuario de Oberhausen.
D icen que la muerte siempre te pilla por sorpresa, a traición, sin esperarla. Y eso le sucedió ayer al pulpo Paul. Murió de muerte natural, a la edad de dos años, de noche, plácidamente, mientras dormía, solo, en su pecera del acuario alemán de Oberhausen. Dicen que no se dio ni cuenta, que no sufrió. Descanse en paz, han colgado en Internet. RIP.
La primera esquela la puso en forma de noticia en su edición digital el prestigioso diario alemán Der Spielgel . Los portavoces del acuario relataron las últimas horas del pulpo y la impresión recibida por sus cuidadores, que quedaron más que afligidos, devastados, al descubrir el cuerpo sin vida del pulpo, al que ya no se pudo reanimar. Hasta hubo un comunicado. «Tuvo una vida plácida e hizo feliz a millones de personas», declaró consternado el mánager general del acuario, Stefan Porwoll.
Su apenada familia, compuesta por una legión de fans del mundo entero, lamentó su pérdida y rogó un sentido recuerdo en su memoria. Nadie sabe aún si habrá exequias aunque será incinerado. Ayer, a media tarde, había ya quién sugería en la Red un funeral de Estado, el nombre de una calle, que este fin de semana los jugadores del mundo entero luzcan brazaletes negros y que en los campos se guarde un minuto de silencio. De momento, sus cuidadores se apresuraron a colocar un crespón negro sobre el cartel en el que se anunciaba el cefalópodo más famoso de la historia descontando al del capitán Nemo, o incluso más.
Como todo héroe de la era moderna, tenía página en Facebook. Y la Wikipedia se apresuró a modificar su biografía para incluir la fecha de su muerte. No hubo periódico en el orbe que no publicara la noticia. Y, como ocurre con los grandes mitos, con Elvis, o con la llegada del hombre a la Luna, enseguida de propaló el rumor de que todo es falso, que el pulpo en realidad sigue vivo pero cautivo, puesto a buen recaudo por la Asociación Alemana de Fútbol, bien alimentado pero sometido a un entrenamiento intensivo para enseñarle a señalar a su selección para el 2014.
Paul, nacido en enero del 2008 en aguas inglesas, pesaba 700 gramos y tenía nueve cerebros -”como todos los de su especie, el principal en la cabeza y el resto repartidos en sus ocho tentáculos-” y tres corazones. Y aunque los zoólogos intentaron desmontar su mito -”los pulpos son muy inteligentes, sí, pero no tanto-”no pudieron. Su fama se disparó cuando predijo acertadamente todos los triunfos y fracasos de la selección alemana en Sudáfrica y la victoria española sobre Holanda en la final mundialista. Sus vaticinios fueron retransmitidos en directo por televisiones de todos los países. Era tan conocido que llegó a superar en número de noticias en Internet a los principales protagonistas de la selección española de fútbol.
Con la fama llegó también un asombroso aumento de su cotización. Un empresario de O Carballiño ofreció 30.000 euros por el fichaje del octópodo, al que pretendía convertir en figura promocional del pulpo a feira. Ahora, quiere exponer sus restos. Pero Paul no tenía precio. En los últimos meses, estaba jubilado. Lo habían retirado de la vida activa para evitar el estrés al que era sometido. Querían que profetizase los resultados de elecciones presidenciales, números de lotería o infidelidades de pareja...
Este mundo en el que hasta lo más nimio puede ser tomado en serio, y viceversa, llora desde ayer su pérdida. No en vano, se ha quedado sin su oráculo, un pitoniso muy acertado. Y como se hace con los reyes, hubo quien le gritó ceremoniosamente ¡A pulpo muerto, pulpo puesto! Tiene ya un jovencísimo sucesor de dos meses de edad.
En fin, que ha muerto Paul, el pulpo que dejó perplejos a los científicos y a defensores de las teorías de probabilidad matemática. Y a me dio mundo.