Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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H a palmado de viejo en Oberhausen (Alemania) a los treinta meses de edad el pulpo Paul, hincha futbolero y oráculo de las victorias de la selección española en los mundiales de Sudáfrica. Sus restos, crespón negro incluido, han sido incinerados y depositados en una urna, a modo de postrera pecera cuadrada, a la puerta del acuario que habitaba, pese a los intentos del ayuntamiento de Carballino por trasladarlos a Orense, quién sabe si para que cociera a fuego lento. Descanse en paz el pobre bicho ( enero 2008-26 octubre 2010, reza en la lápida).

Y ahora hablemos de la bicha. El segundo óbito que se anuncia estos días como inminente es el de ETA para que Zapatero, el mundial, pueda ganar las próximas elecciones. Lo auguran Rubalcaba, Pepiño Blanco y Otegui, que tienen en común con Paul no menos de ocho tentáculos cada uno, así como inteligencia, memoria y capacidad para escapar de los predadores y de los laberintos, cualidades todas que Wikipedia atribuye en Internet al pulpo común.

Y, hombre, eso no. En primer lugar Paul no hacía daño a nadie o, si mataba un percebe, era para comer. En segundo, ETA lleva ya mil víctimas en cincuenta años, edad disparatada para un octopus y más que longeva para un dinosaurio, si se exceptúa el cubano Fidel, el que los exiliados de Miami han bautizado también de «coma andante». Se avecinan tiempos en los que para tapar una crisis con cinco millones de parados se va a oír hablar mucho del fin negociado de ETA gracias a Zapatero, que es como si el pulpo le mirara a los ojos y dijera al percebe en apuros «¿Pactas o no?». Mientras tanto Rajoy no se entera de si sube o baja la marea y todo lo fía a la luna llena cuando las encuestas salen a su favor. Macho, cambian cada cuatro semanas.

Mariano no cree en las meigas -”pero haberlas haylas-” como otros muchos tampoco creíamos en las dotes adivinatorias del pulpo, entre otras cosas porque, inteligencia aparte y según los científicos, es incapaz de distinguir los colores, así que no diferenciaría una camiseta de la roja española de otra alemana y no digamos ya del Atletic de Bilbao o de la Real. Lo de Carballino, por si son del BNG, da risa tal como van el Celta y el antaño Superdepor.

Así que más vale dejar pasar de largo también los oráculos del Gobierno sobre el fin de ETA, si no es de muerte natural. No hace falta llamarse Paul para auspiciar por estas fechas el finiquito de los terroristas cuando a cada cerdo le llega su San Martín. En esto Rubalcaba se parece mucho a las pulpeiras cocinando a los batasunos: los metes en el caldero de agua hirviendo, pinchas cada poco con una redada de la Guardia Civil y, si no están tiernos, otra vez abajo. Así y con mucha paciencia hasta que en las elecciones del 2012 estén en su punto para Zapatero. Mi mujer tiene otra receta, según la cual le sacudes al octopus una manta de leches en crudo contra la tabla, lo metes en la olla exprés y, en diez minutos, listo. Esto Mariano, que es muy lento, no lo entendería, pero Esperanza Aguirre como ama de casa del PP de Madrid -”y nunca mejor dicho-” fijo que sí.

En cuestión de recetas políticas las hay para todos los gustos, desde las de Esperanza, que es moza brava, hasta las de Rajoy, gallego de pura cepa del que nunca se sabe -”a lo mejor ni él-” si sube o baja en la escalera. «¿O no?», añadiría su jefa de prensa. De aquí a un año nos van a abrasar con mensajes propagandísticos sobre lo buenos que se han vuelto algunos etarras y lo cabritos que eran antes de la era Zapatero. Uno, que estudió de pequeño en el seminario de La Bañeza, reprimido como el que más, diría ya rebotado al cabo de equis matrimonios, que no hay nada peor que la puta arrependida. Leire Pajín, la ofendida, a lo peor piensa en cambio que en mi frustrada sotana no todo era bragueta. Se admiten las disculpas y no como ella con el alcalde vallisoletano León de la Riva, que es un fiera.

Tenía un amigo, ya fallecido sin poder mover los remos, como Paul, fundador de la Unión de Campesinos Leoneses (UCL) y de nombre Gerardo García Machado, que en la transición y cuando la hasta entonces hegemónica UCD perdió todos los escaños por León, menos el del todopoderoso Martín Villa, se limitó a comentar «así está bien, al enemigo no hay que matarlo, mejor que agonice». No acertó y al primero que quitaron de enmedio fue a él de parte de un tal Matías Llorente con las espaldas guardadas por un joven Zapatero. Las cunetas de la memoria histórica están llenas de cadáveres y fuego amigo.

Si no hubiera pasado lo que pasó, incluida la muerte a destiempo, probablemente hoy Gerardo le estaría asesorando a Rubalcaba con un «no dejes que los batasunos vuelvan en elecciones a los ayuntamientos para seguir cobrando y deja que se pudran en el Inem».

Lo que va de ayer a hoy.

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