Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

P ara empezar a cantar... señores licencia pido... pa que no diga la gente... forastero y atrevido ... En un pueblo del norte palentino comenzó así la rabelada, esa velada en la que manda el rabel con su tono lastimero de violín de hojalata y con su cantante que canta arrastrando la nota o el diccionario... y allá va la despedida que damos los de Mucientes: tengo una paja en el culo, sácamela con los dientes ...

El rabel suena siempre solo, sin más instrumentos que le acompañen (quizá unas tejuelas, un pandero y no más; no hay rondallas o cuartetos de rabeles). En estos nortes leoneses, el rabel fue mayormente cosa de pastores, pues podría fabricarse en un chozo y a navaja con casi cualquier madera, pellejo para cerrar la caja resonante, un palitroque gordo de mástil con sus clavijas de chaveta que afinan las dos o tres cuerdas de tripa borrega... y un arco de vara con pelos de crin para rascarles el lomo a esas tripas y sacarles el quejido rabelero que anima la rabelada.

Palencia, Santander, Asturias, algo de las Merindades burgalesas y León componen el terriorio español del rabel. Por esos otros mundos ni les suena ni se lo imaginan (aquí, hoy, tampoco, no creas). Pero en Marruecos aún se ve y se oye, pues el rabel es moro y llegó hasta aquí con las merinas, que eran moras también hasta prendarlas y cristianarlas la nobleza y los monasterios (los Paúles traían a Babia cada año rebaños de hasta cuarenta mil ovejas). Pero el pastor en su soledad o en su corro de brasero no propende al salmo; se inclina más a la copla bruta o al verdor. En esa rabelada se oyó el Estate quieto, Fermín, no me sobes el refajo; si te quieres divertir, mete la mano por bajo ... disculpándose el rabelero, añadió: En el culo de las paisanas se puede hacer una huerta; se tiene el abono al pie y el agua a la misma puerta ... y siguió dalequetepego , ya en la senda: Una mujer y una burra apostaron a correr; a correr ganó la burra, pero a burra la mujer ... curiosamente, las mujeres presentes fueron las que más rieron las viejas chuflas populares que hoy serían reprendidas o afeadas por las buenas formas y mañana serán multadas por sexistas si se cantan en público o se editan (y el concejal de la rabelada, claro, tendría que dimitir).

tracking