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PEDRO TRAPIELLO
León

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H ay una profecía escrita en alguna solapa de prensa vieja advirtiendo que llegará un día a la catedral de León una soprano gordísima vestida de verde y adornada con esa voz vibrante y potente que hace estallar el vidrio con sus notas más agudas (lo que hacía Aretha Franklin, pero en brutal) y durante un acto solemne con mucha orquesta gloriosa y con tropel de autoridades, dignidades y casas reales presentes, hará saltar en añicos y cristales cuchilleros las vidrieras del templo gótico al atacar jubilosamente las notas altas de una estruendosa cantata triunfal encargada para la ocasión con el título « León, arímate pallá », festejando la restitución del reino leonés segregado al fin de la corona de Castilla (¡cuánta guerra das, rapaz!)... y que, entonces, la lluvia de vidrios que se producirá en ese instante degollará a todos de los que levanten sus ojos a lo alto, por curiosos. ¿Unos mil?

Si tener un tejado de cristal es peligroso, los muros de vidrio también tienen su riesgo. Mil seiscientos metros cuadrados de muro vitral tiene esta catedral. Su fragilidad es obvia y ya sabemos lo que cuesta proteger esas vidrieras. Aunque, ¿protegidas de todo?

Lo de una soprano gorda y de verde es algo bastante probable, pero ¿sería físicamente posible que unos sonidos agudos hicieran estallar esos vidrios medievales y de anteayer que llenan de colorín y caleidoscopio toda mirada interior en esta catedral?... ¿y se sabe qué efecto podría tener sobre estas vidrieras una ducha de ultrasonidos o, simplemente, una explosión de gas o de una caldera en las inmediaciones?... lo que ya se sabe es que los ruidos graves y vibraciones afectan clarísimamente a los vitrales y sus emplomaduras, razón por la que se prohibió el tráfico rodado junto a la catedral hace años... ¿y se tendrán en cuenta estos extremos cuando se inaugure triunfalmente el órgano que han aprobado al fin para este templo anunciándolo ya como el mayor de Europa?... porque el órgano es el intrumento con mayor amplitud de sonidos... aloja desde el rotundo grave de caverna al clarín desgañitado... y si ruge con todos los registros, teclados y pedales, trepida el misterio... ojo.

Venga, dijo Sócrates Valdueza, ¿y si un día truena?...

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