Diario de León

Diario de una aventura

Doble desafío completado

Tras escalar el Cerro Gorra Blanca alcanzamos el Hielo Sur por el Pasode los Vientos para salir por Paso Marconi; ahora toca otra cosa: el Dakar

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pedro trapiello
León

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Después de la preciosa cima que hicimos en el Cerro Gorra Blanca, donde sólo el 5% de las veces se consigue por las dificultades meteorológicas, descendimos al refugio en mitad de otra violenta tormenta, pero ya todo nos daba igual, lo habíamos conseguido, y eso reaviva el cuerpo y el alma, da la sensación de que se puede con todo. Tengo que decir que Nico, ya no es sólo el niño sub campeón del mundo de 125 cc de motociclismo, sino que ya es más para nosotros: es el montañero que se ha curtido y que en ocasiones nos ha dejado boquiabiertos con su fortaleza y capacidad de sufrimiento. También nos sorprendió su capacidad de adaptación y aprendizaje al que sometimos a esta pequeña criatura de aspecto frágil, pero nada de eso: es un tipo muy duro. Todavía nos toca continuar con la travesía y ésta pasa por descender el peligroso y comprometido Paso Marconi. Empezamos la travesía, siempre en descenso, nos toca salir del Hielo Sur por este paso lleno de mil trampas en forma de avalanchas de nieve, grietas gigantes y desprendimientos de puro hielo de los seracs colgantes que recorren todo el descenso de este complejo paso.

Empezamos a descender por este comprometidísimo sector y filmamos como podemos, pues Emilio se puso a grabarnos y Julián gritó de tal manera que parecía que se le salía la campanilla de la boca: «¡No, no. no, aquí no, no me jodáis-¦! ¡Hay que pasar deprisa esto es una trampa mortal, cada segundo aumenta el riesgo de accidente. ¡Vamos, vamos yaaaaaaaaa!». Doy diez pasos y se produce una avalancha en mi lado izquierdo, cerca de nosotros, Dios cómo gritamos: «¡Avalancha, avalancha a la izquierda!». Y todos corriendo a la derecha, bueno, más que correr nos defendemos como podemos hacia la derecha, pero, ocurre algo inesperado: otra avalancha por la derecha, ¿qué?, ¿otra avalancha a la vez?, ¿y por el otro lado? Estamos acorralados. Os aseguro que quedamos pálidos, los trozos de hielo eran tan grandes como coches, autobuses, camiones, eran azules intensos, hielo muy compactado que estallaba contra el glaciar al caer del abismo, y nos pasaban a escasos veinte metros, nada más podíamos hacer, la avalancha nos alcanzó y se precipitó junto a nosotros como un tsunami de hielo incontrolable que nos dejo atónitos. Estábamos paralizados, viendo, sin poder hacer nada, un espectáculo difícil de volverlo a ver tan de cerca. Nico no daba crédito, pues por su ignorancia ante lo que podía haber significado esa avalancha, se deleitaba con los ojos fuera de las cuencas ante semejante espectáculo, y cuando paso dice: «¡Qué chulo, ¿no?!». «Pero, alma cándida, ¿tú sabes la suerte que hemos tenido? Anda, sigue bajando y luego lo comentamos».

Iniciamos el avance hacia el Lago Eléctrico, que tiene unas olas de un metro, como si fuera el Mar Cantábrico embravecido. Durante unas cuantas horas estuvimos caminando o parados, según las ráfagas nos movíamos al son del viento, pero avanzábamos, en lo que sería nuestro último día de travesía. Si, amigos, llegamos después de una ruta de muchos kilómetros de inclemencias meteorológicas, en ocasiones al límite, a ascender al Hielo Sur por un lugar llamado Paso de los Vientos y salir por el Paso Marconi. Después de escalar una de las montañas más hermosas que se pueden escalar, y además hacer la travesía al revés, en contra del viento, como casi nadie ha hecho. Ha sido fantástico, inmejorable. Amigos, nos vemos muy pronto en otra gran aventura: el Dakar, a partir del día 1 de enero.

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